El juicio del surfista Paris

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Eris, diosa de la discordia, arrojó su manzana de oro en la boda de la nereida Tetis y el héroe Peleo. “A la más hermosa”. Heres, mensajero del Olimpo, sostenido mitad sobre los pies, mitad por las alas, entregó la bola de sal crujiente al robusto y joven surfista Paris que patinaba el oleaje. Nuestro alcalde, Xulio Ferreiro, nuevo Zeus desde En Marea, le ordenó juzgar y entregársela a la más bonita. Dilema conflictivo nacido de la envidiosa Santa Cristina, que todavía añora y sufre el castigo de haber perdido arena al construir el dique de abrigo Barrié de la Maza.
Así, tras el letargo invernal, permanecían ruborosas “mis tres” celestiales playas. Divinos arenales que besan blandamente el mar. Hera, Palas Atenea y Afrodita. Riazor, el Orzán y Berberiana. Diosas espléndidas: hermana y esposa de Zeus, de la sabiduría y del amor, respectivamente. La primera le ofreció la sabiduría de un  hermoso país, la otra la virtud y la tercera desposarlo con la mujer más hermosa. Y obligado a elegir el surfista ganó el afecto de Afrodita y el odio de Hera y Palas Atenea. Al cambio del siglo XXI esa España irreconciliable que, al decir del poeta caminante, nos helaría el corazón.
Los vecinos coruñeses disfrutan brisa, aguas frías y sol dorado en estas playas municipales. Hay otras importantes, pero yo frecuento estas ahora que las máquinas y operarios las dejan a punto. Cuerpos arenosos sanos. Divertidos. Serenos. Bronceándose con sol directo y crema protectora de 50%. Hombres viriles. Luminosos. Sencillos. Naturales. Aunque a veces jueguen al fútbol , rían con grandes carcajadas o palabrotas desaforadas. Mujeres muy femeninas. Figuras de porcelana. Pudorosas pese a ir en topless. Delicadas. Graciosas. Irónicas. Elegantes. Definidas. Claras. Saladas como el mar que acude a rendirles pleitesía, pues son catedrales gallegas de melodías embrujadoras…

El juicio del surfista Paris