El movimiento de Puigdemont

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El general Franco tuvo más éxito con su famoso Movimiento que Puigdemont con el suyo. Al menos en lo tocante a la común aversión a la partitocracia. A uno le duró cuarenta años. Al otro,, lo que duró la presentación en sociedad de la llamada Crida Nacional de Cataluña, apadrinada por Torra. Ocurrió el sábado en Manresa. Con poco eco mediático y político para una Crida que nace de 9.500 cotizantes y tres impulsores: Puigdemont, Torra y Jordi Sánchez. Pretende agrupar a personas, desbordar a los partidos soberanistas y confluir en un totalitario compromiso de caminar sin vacilaciones hacia la Cataluña una, grande y libre que no logra dar pasos reales para salir del limbo gestual en el que se encuentrao.
“No se tata de silenciar a los partidos” (soberanistas, se entiende) sino de “priorizar lo que comparten”, ha dicho Torra. Pero para priorizar lo que comparten en un instrumento de participación hay que silenciar a instrumentos de participación pre-existentes, como el PDeCat, ERC o la CUP. La Crida no propone nada nuevo que no propongan cualquiera de esos tres partidos. A saber: la independencia de Cataluña a, la excarcelación de los políticos presos, el regreso de los “exiliados” y el diálogo como método para resolver el conflicto, pero sin renunciar a la unilateralidad. Pretende la Crida ser una palanca al servicio de la futura república. Con poco futuro. Mal comienza el lema aireado en el acto por Torra: “Solo sumando ganaremos”. De momento, el acto no pudo tener lugar en Bruselas, donde Puigdemont había soñado presidir una cumbre independentista para el lanzamiento europeo de la Crida. Se tuvo que quedar en Manresa. Y gracias, pues se trata de la cuna del catalanismo histórico.
Este nuevo producto de la factoría de Waterloo no descarta presentarse a las elecciones. Y esa pretensión es la que también le anuncia una vida corta. Es lógico que ERC y una buena parte del PDeCat estén recelosos. Véanse las notables ausencias de Artur Mas, la del presidente del PDeCat, David Bonvehi, o el desmarque total de ERC, que no ha querido saber nada. En cuanto al independentismo más impaciente, el más radical, los de la CUP, los CDR, sencillamente, no se lo creen, convencidos de que los partidos que pisan moqueta nunca asumirán la desobediencia y la unilateralidad como únicas formas de avanzar hacia la independencia y de frenar las tentaciones de retorno al autonomismo.

El movimiento de Puigdemont