Estado de guerra

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El hombre le ha declarado la guerra a lo humano. Busca romper de raíz aquello que nos distingue en el alma sensible de las cosas. La poca materia gris que ilumina la razón. Los leves pero elementales lazos de afecto y empatía que alientan la convivencia. Retrotraernos al fin, a un origen remoto y sin inocencia.
Lo humano es en el hombre un sentimiento que precede a otro y posibilita otro. Un tránsito de sentimientos hacia un destino olímpico. Hablo de la belleza, de la armonía, del conocimiento.
Lo humano es poesía, mientras que el hombre es prosa, concatenación de factores para una operación continua y netamente materialista. El hombre es, por tanto, una cifra en la que vales tanto como tanto valen tus palabas sin decimales poéticos.
La cuestión no es debatir quién ha de derrotar a quién, no hay disputa. No nace con esa inclinación aquello que nos encamina hacia un mundo sin dioses, sin diablos, sin nosotros. Un mundo atento solo al amor, a la fraternidad, a la libertad, entendida como la fiel expresión de nuestra imaginación en el exacto tamaño del espacio que nos corresponde. El hombre no quiere asesinar a lo humano porque sí, lo hace porque necesita espacio y no halla mejor modo de conseguirlo que robárselo. Debería ganarse y ganarlo ahí, en ese limpio lugar donde todo es posible de la mano de sus imposibles. Donde fluyen los sentidos y se acallan los sentimientos. Se lo robará, pero no sabrá que hacer con él.

Estado de guerra