Seguimos perdiendo el tiempo

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Los días pasan y el Gobierno sigue sin poner encima de la mesa los números con los que va a articular los Presupuestos Generales del Estado para el año próximo. De hecho, nadie ha visto en las reuniones que Pedro Sánchez ha mantenido con los líderes de los partidos políticos, una sola cifra, ni tampoco ideas claras sobre qué se va a hacer con asuntos tan importantes como los impuestos, las pensiones, los salarios de los funcionarios, las partidas de gasto más importantes de las cuentas de cada año. Unos días, una parte del Gobierno asegura que se van a subir los impuestos y otra parte que se aplazan. Para al día siguiente asegurar lo contrario.

A estas alturas, es fundamental que se conociera ya el techo de gasto y con qué ingresos se van a cubrir esos gastos. El Gobierno está empeñado en vendernos que todo lo resolverá el dinero que vendrá desde Europa. Sin embargo, la jugada es al revés, ya que ese dinero vendrá si España presenta proyectos sensatos y viables. Tampoco sabemos nada de esos proyectos. Calviño y Sánchez insisten, cada vez que hablan, en que los ejes deben ser la digitalización, la transición ecológica, la igualdad de género y la cohesión territorial.

Y se puede estar de acuerdo con alguna de esas líneas, como la digitalización. Pero ¿en serio es el momento de hablar de igualdad de género o de asuntos tan genéricos y vacíos como la cohesión o la ecología? ¿No se ha enterado el Gobierno que vamos a cerrar el año con un agujero en las cuentas públicas superior a los 150.000 millones de euros, una caída del PIB de dos dígitos o con una deuda que superará el 120% del PIB? España necesita reformas estructurales de calado, una revisión a fondo del gasto público innecesario y una modernización y adelgazamiento de la Administración.

Sánchez se ha empeñado en empezar la casa por el tejado y asegurarse los votos antes de presentar cuentas y proyectos. Su intención es meramente política, y no es otra que dejar al centro derecha como el malo de la película, como los que no quieren arrimar el hombro, para dar espacio y oxígeno a sus socios de investidura y a Ciudadanos a los que, con toda seguridad, engañará y utilizará. Mientras, la casa sin barrer. No sabemos qué pasará con los ERTE, ni con el turismo, las aerolíneas, los autónomos o las personas más vulnerables. 

Seguimos perdiendo el tiempo