Cinismo sin límites

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En Bruselas hablan diariamente de respeto a los derechos humanos, de justicia, de libertad, en síntesis, de democracia. Pero cuando existen intereses económicos o geopolíticos de por medio, toda esa retórica pierde significado. Y se convierte en otra cosa.
El esperpento escenificado hace unos días por algunos funcionarios de la UE en Kiev no deja lugar a dudas. Con su presencia, apoyando a los manifestantes, pusieron en entredicho la legalidad de un presidente (Yanukovich) electo democráticamente. Pero eso parece no importar nada, sobre todo cuando ese mismo presidente –en un acto soberano– se niega a firmar el acuerdo de asociación con la UE. A partir de ese instante empiezan las presiones de Bruselas –por decirlo de una manera suave–, dando la impresión de que estaba obligado a firmarlo. El espectáculo se tornó grotesco. La presencia en Kiev de altos cargos de la UE demostró lo  poco que se valora la democracia en un momento dado, prácticamente estaban apoyando un levantamiento popular. Hasta el señor Jaroslaw Kaczynski, del partido católico-derechista polaco Ley y Justicia –que dicho sea de paso, anida un sentimiento de odio a todo lo ruso y alemán– tuvo su momento de “gloria” en esa algarada callejera.
Lo de Bruselas es curioso. Veamos. Si un político –afín a los intereses de la UE– gana las elecciones en un país del espacio postsoviético enseguida se le reconoce como ganador; se da por sentado que fue un proceso electoral limpio. Sin embargo, si el ganador no comulga con las políticas de la UE, inmediatamente se pone en duda su triunfo, sembrando sospechas sobre la limpieza del proceso. Lo cual demuestra el algo grado de cinismo que se practica en Bruselas.
En cualquier país de la UE, si las fuerzas del orden reprimen con dureza una manifestación contraria al sistema imperante, en Bruselas no se alarman; sobre todo, jamás cuestionan la legitimidad de ese gobierno para reprimir. Simplemente callan. Pero cuando esas mismas circunstancias concurren en un país que no es miembro de la UE –y que además no favorece sus intereses–, entonces el enfoque cambia radicalmente. Se empieza a sobredimensionar los hechos hablando de inestabilidad social, exigiéndole contención al gobierno. Paralelamente, comienzan a desarrollar una campaña de desinformación masiva, en la cual se introducen frases como de “brutal represión policial”, de que “el gobierno no está legitimado” para hacer esto o aquello, de que debe “dialogar con los manifestantes”, etcétera. Y en el caso de que haya algunas manifestaciones, pero favorables al gobierno que se pretende derribar, los medios simplemente las ignoran.
Reflexionemos. ¿Qué pasaría si cuando las manifestaciones y las acampadas del 25-M empezaran a llegar a España parlamentarios europeos –o altos cargos del gobierno alemán– para apoyarlas? ¿Cómo racionaría el gobierno de Madrid? Desde luego, es difícil contemplar un escenario así en la UE. ¿Por qué? Pues porque en Bruselas jamás lo propiciarían. Iría contra sus sagrados intereses.
El cinismo en política no tiene límites. Un mismo hecho se puede interpretar de diferentes maneras. Depende del significado geopolítico/económico del momento. En Bruselas, a través de los medios, introducen palabras clave para confundir a los ciudadanos. Quieren que asociemos Europa con la UE, cuando en realidad Europa empieza en el Atlántico y termina en los Urales. Es un hecho –además fácil de comprobar– que cada día tenemos menos democracia. Actualmente estamos viviendo una etapa que podríamos llamarla pre democrática. Es como una ilusión óptica, algo virtual pero no real. Y lo peor de todo es que estamos siendo cómplices –por activa y por pasiva– de un gran engaño, de una estafa gigantesca. Y no deberíamos olvidar que sólo nosotros podemos revertir esta situación.
Democracia no significa secretismo, ni  chantajes ni presiones políticas. Tampoco vasallaje a los intereses financieros en perjuicio de las mayorías. No. Democracia señores burócratas de Bruselas significa otra cosa. Algo que ustedes no están practicando. Pero que lo saben.

Cinismo sin límites