La moda de la impostura

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Hasta esta semana se daba por cierto que vestir chándal hace imposible hilvanar dos frases. El aval de esa afirmación eran los futbolistas y los yonquis, amantes de la indumentaria deportiva e incapaces de encadenar dos frases subordinadas. Messi, inventor de tantas cosas con el balón, descubrió al mundo entero que un esmoquin de lunares, diseñado por un italiano, bloquea también la capacidad oratoria de las personas. Podría haber arreglado esa falta de labia con un “yo hablo en el campo”, tan propio del fútbol, pero no lo hizo. ¡Lo bien que hubiese sonado al oído dicho con acento porteño! ¡Hasta habría quien hubiese pensado que estaba escuchando a Valdano!

Ese pausado acento porteño le valió también al actor Ricardo Darín, más lenguaraz que el jugador del Barcelona, para darle caña a la presidenta argentina. “Yo quisiera que alguien me explicara el tema del crecimiento patrimonial de los Kirchner. ¿Cómo no se les cae la cara de vergüenza? ¿Cómo puede ser?”. El actor se refería a los 12 millones de euros que Cristina Fernández declaró el año pasado como propios. En 2003, cuando empezó a gobernar su marido, sumaban entre ambos un millón, así que las dudas tienen una base bastante lógica.

Pero ya se sabe como son los actores. Les gusta enfrentarse a los presidentes e incluso renunciar a la propia nacionalidad. Depardieu, la reencarnación de Obelix, ya no es ni francés ni galo, ahora es ruso, con lo que se libra de la “voracidad confiscatoria” del Gobierno socialista encabezado por François Hollande. Ese fue el motivo del cambio de pasaporte, que le abre la posibilidad de interpretar una nueva versión de Taras Bulba para sacralizar su amor a la Madre Patria

Se ve que la impostura está en boga, pero no solo entre los futbolistas y los artistas, los unos dados al piscinazo y los otros a la actuación; también los políticos se han apuntado a la moda. Los hay que querrían ser una agencia de colocación para perpetuar la dinastía. Tocar el trombón es un entretenimiento, pero asegurar el futuro al hijo, una obligación de buen padre. Si para cumplirla hay que firmar un centenar de contratos en vísperas del congreso provincial del partido, se firman, que el paro no es una broma, ni siquiera en Ourense.

En cambio, por Lugo se lleva más suplantar al comisionista. Es menos honorable que trabajar en beneficio de la familia, pero más ventajoso; los réditos se perciben de inmediato y están libres de impuestos. El único riesgo es que una jueza se meta por el medio, pero con lo lenta que es la justicia tampoco es cosa de echarse a temblar. Además, las causas penales están exentas de las nuevas tasas de Gallardón, así que la pasta se queda íntegra en el bolsillo.

La moda de la impostura