El papel de Otegi

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Claustro de margaritas y una sala de dignidad donde hablar de lo humano en el ámbito del dolor y el conocimiento. La sala de profesores de la Facultade de Xeografía e Historia de Santiago de Compostela. Allí estuve el pasado día 3 para hablar de mi libro “La hija del txakurra”. Un puñado de palabras de amor y fraternal respeto con el que busco saludar a las víctimas del terrorismo de ETA. 
En esa conferencia estuve acompañado por dos profesores de esa Facultad que ilustraron mis palabras con la luz del conocimiento. El acto cobra para mí importancia en la medida en que entiendo que solo a través de la narración del dolor y la narrativa del conocimiento podemos alcanzar espacios de justicia y memoria, memoria en la justicia. 
De las intervenciones de los profesores y de las reflexiones realizadas por los asistentes, se podrían escribir cientos de folios que arrojaran luz sobre esta trágica sombra. De las mías, reseñaría un elemento sobre el que solo había reflexionado entorno a las víctimas, la necesidad de situarlos fuera de la órbita  del discurso político. Esfera en la que el tiempo de la razón se ha quedado sin aguja y en el que la sinrazón es el espacio. En un momento de la conversación,  y refiriéndome a Otegui, razoné que tal vez él y todos los que oficiaron como verdugos deberían apartarse de ese discurso y buscar en lo humano que le quepa ese espacio en el que sea el dolor y la verdad quienes nos permita reconocernos. 

El papel de Otegi