Titulitis menguante

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Antiguamente, cuando los currículums se enviaban en sobre cerrado y escritos en cuartillas con la mejor caligrafía depurada a golpes de maestros celosos de la línea curva, no había tantos problemas con eso de autotitularse licenciado. Incluso una de las primeras agencias de recusos humanos, como se llamaban antes, ahora, de reclutación, porque no hay servicio en armas a la patria, pedía la historia laboral en manuscrito (sic), con error gramatical incluido. En la actualidad existen tantas casillas que marcar, que es fácil caer en la tentación de atribuirse doctorados y licenciaturas tantas como el menú desplegable permita. Así que creo que no se trata de engaño o mentira sino de vanidad, todo vanidad, cada vez más crecida desde que la ESO irrumpió en los pupitres. Hay que suponer que los portales de trasparencia no soportarían un escrutinio como el de la biblioteca de don Quijote, y los antiguos títulos borrados pasarían a “cursó estudios de...” o lo que es lo mismo “hizo el vago durante la carrera de...”

Titulitis menguante