Viajando de Europa a Estambul

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Lo que mal empieza, bien acaba; así reza un dicho del pueblo gitano. Fue mi caso particular cuando el día 18 de Noviembre pretendía salir para un viaje de una semana a Estambul desde el aeropuerto de Santiago y me encontré un coche cerrando el vado reglamentario de mi garaje en Ferrol. Por rara casualidad apareció un agente municipal para informarme que ese día la grúa municipal estaba averiada. Afortunadamente conseguí otro coche y pude llegar justo a tiempo para subir al avión, mientras por el camino iba pensando en la miseria de una concejalía de Tráfico como la que tiene que sufrir la ciudad de Ferrol.   
Hacía cuarenta años que no visitaba Estambul. Durante el viaje, al atravesar el sur de nuestro continente, iba recordando la Europa ideal de Robert Schumann y Jean Monet, tan distinta de la despreciable Europa actual, la del infame Tribunal de Estrasburgo, la que bendijo la asquerosa estafa de las preferentes de Caixa Galicia, la de los políticos miserables, incluyendo algún español, que han aplicado la “tax-lease” a nuestros astilleros; en fin, esa Europa que tanto daño hizo a los gallegos con las licencias pesqueras o la comercialización de la leche.
Dada mi avanzada edad y mi cada vez mayor descreimiento en todo, hace bastantes años que no practico la elegancia social de acudir a votar. No obstante, voy a hacerlo en las próximas elecciones europeas; con voto nulo, por supuesto, que es el que más daño puede hacer. Espero y deseo que muchos hagan como yo, para que estas elecciones registren en España el mayor número posible de abstenciones y votos nulos como justo castigo a los políticos.       
Mejor hablemos de Estambul, la única urbe levantada en dos continentes, unida por el Bósforo, ciudad abierta y segura, especial ejemplo de la multiculturalidad, cuna y lugar de tránsito y convivencia de diversas civilizaciones, religiones, culturas, costumbres y lenguas. Bizancio fue fundada por los griegos el siglo VII antes de Cristo, siendo luego capital del Imperio Romano de Oriente con el nombre de Constantinopla, para convertirse el año 395 en capital del Imperio Bizantino. El año 1453 cayó en poder del Imperio Otomano, tomando el nombre de Estambul. El año 1932 se instauró la República de Turquía, siendo sometida a un ordenado proceso de occidentalización dirigido por el presidente Kemal Ataturk.
Hoy Estambul es una acogedora y bulliciosa ciudad de quince millones de habitantes, rebosante de turistas que visitan sus numerosos monumentos, palacios, mezquitas, iglesias, basílicas y sinagogas. La ciudad de las tres religiones (musulmana, católica y judía) es la sede de numerosos mercados, de especial arraigo y presencia en la vida cotidiana de los países mediterráneos.
El espectacular Gran Bazar de Estambul, ordenado gremialmente a lo largo de más de 60 calles, 15 patios abovedados y 4.000 tiendas, fue el centro económico del Imperio Otomano y junto con el más pequeño Bazar Egipcio, también llamado Bazar de las Especias, y el menos conocido Bazar de los Libros, son visitas obligadas para conocer la artesanía, la gastronomía y la cultura de Estambul.
Desde el punto de vista histórico, cultural y religioso es imprescindible visitar el palacio Topkapi, la basílica de Santa Sofía y, desde luego, varias de las más de cien mezquitas de la ciudad, empezando por la Mezquita Azul.
Después de disfrutar de un baño turco y de fumar una no tan inocua pipa de agua, se puede seguir con un llamativo paseo contemplando como se pone el sol en el Bósforo y llega el crepúsculo mientras se oye la llamada desgarrada de los muecines desde los minaretes de las mezquitas, completando el conocimiento de una ciudad sensual donde los sonidos, los olores, los sabores y los colores juegan un papel esencial.
Para los españoles, Estambul tiene un especial significado. Cuando los Reyes Católicos expulsaron de España a los judíos, casi 100.000 llegaron a Estambul, donde hoy apenas quedan unos 20.000 sefarditas. Algunos conservan las llaves de su casa española; el año 1974 una familia sefardita me enseñó la herrumbrosa y enorme llave de la vivienda de sus ascendientes en Toledo. En esta ocasión tuve la oportunidad de leer un periódico sefardita y oír hablar en ladino, un idioma judeo-español, una lengua evolucionada pero que todavía hoy conserva una gran riqueza semántica, sobre todo de cantigas y refranes.
jjburgoa@hotmail.com

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