Daniel Sueiras, en Moretart

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Daniel Sueiras (Alicante, 1976) expone en Moretart, continuando en la línea de sus anteriores muestras “Selección natural “ y África I y II, , en dicha galería. Ahora, bajo el título de “Illustrious”, realiza una irónica reflexión sobre la condición humana y sus vanidades. Se sirve para ello del género del retrato, cuya finalidad era tradicionalmente ensalzar un personaje e inmortalizarlo para la posteridad con solemnidad representativa, a la que contribuía también el ostentoso enmarcado. 

Sueiras hace de marco y figura una sola obra, poniendo en cuestión qué cosa sea el arte, a la vez que hace una alegoría desmitificadora de este asunto de la auto importancia antropológica, mientras que eleva a la categoría de nobles retratables a animales y personajes de ficción, como E.T., el Oso Teddy o Epi y Blas. Igualmente queda cuestionado el concepto de belleza y lo hace nada menos que con una obra emblemática, como la “Joven de la perla” de Vermeer, a la que le pone rostro de mona; o, más terrible todavía, transforma un icono como Marilyn Monroe en una ensabanada mujer de cuencas vacías  que recuerda a una enmascarada de burka o a una prefiguración de la muerte. Cara de mona tiene también “Marie Chimptoinette”, cuyo versallesco ropaje a lo siglo XVIII contrasta con su animalesca efigie. 

“The Barrister” (El abogado) es otra parábola sobre la vaciedad de los atuendos, pues la toga negra y la rizada peluca blanca dejan al descubierto el feo rostro de un mono. La exaltación de la valentía que históricamente convirtió en héroes a personajes como Napoleón es puesta en ridículo en la obra “El charlatán”, cuya prestancia guerrera queda convertida en un asunto de rapiña, al hacer que de su cuello salga, en lugar de cabeza, una mano prensil; o bien crea un híbrido de general y roedor en Naporratón.  Sueiras no deja títere con cabeza y en “The Graduate” y “Oxford Freshman” hace una sátira del orgullo intelectual, pues, ni la solemne toga del primero, ni las insignias de segundo logran ocultar sus simiescas faces. 

De ese fondo primitivo de la especie habla “The scream” que representa a un bien trajeado hombre-simio, en medio de todos los animalitos de la selva. Frente a estos homínidos engolados y pretenciosos, resultan  simpáticos y nobles, en su asumida animalidad, los retratos del oso panda de “Wanted II”, o el bulldog de “The good son” o el gracioso perrillo de “Relámpago Jack”. Las ficciones de los temas o  motivos nobles del supuesto  “gran arte” quedan desmontados –como en su día hizo el pop art– en estos retratos, entre los cuales “The Invisible Man” es como un homenaje al hombre anónimo de hoy, ese ser humano de rostro desconocido que circula a nuestro lado, pero al que ignoramos. 

De nuevo la obra de D. Sueiras, sirviéndose en este caso de un humorismo esencial, que podríamos parangonar con el del teatro de Samuel Becket, nos acerca al lado enigmático de la ontología humana y de la vida en general, pero sobre todo al de las fábulas que de antiguo han sido protagonizadas por animales.

Daniel Sueiras, en Moretart