Feijóo y “El Tata” Martino

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A Núñez Feijoo le sucede lo que al “Tata” Martino: que no comprende cómo funciona el fútbol europeo. Por eso, en referencia a la última estrella madridista, Gareth Bale, y  marcando una referencia en exceso rebuscada, el presidente de la Xunta ha dicho que no entiende cómo un jugador pueda costar “dos décimas del déficit público de Galicia”.
Muchos, sin embargo, disculparán antes al señor Núñez Feijoo que al entrenador del Barça, pues el primero se declara “aficionado modesto” del fútbol y ha de apuntarse a lo políticamente correcto, mientras que el técnico argentino tiene ya muchas horas de vuelo en la profesión como para aparentemente caerse ahora del guindo.
En realidad, la clave de la polémica radica  en que Gareth  Bale, al igual que todos los demás astros del planeta fútbol, no son sólo un jugador; una pieza deportiva más, aunque relevante, en sus respectivos equipos, sino que suponen una inversión  del club/empresa que los ficha y paga.
Todo ello tiene que ver con las dimensiones que el fútbol está adquiriendo en el mundo de los negocios. El valor de Bale y demás estrellas del balompié no depende únicamente de sus evoluciones en el césped, sino también de lo que logran lejos de los estadios: de los ingresos que generan con sus derechos de imagen y contratos publicitarios; de las camisetas que venden; del valor añadido que reportan a la imagen y marca del club a que pertenecen; de la actividad económica que generan en todo su entorno. Si además son todo un espectáculo jugando al fútbol  y resultan –en ocasiones- todo un ejemplo social con su comportamiento, pues miel sobre hojuelas.
Pero el fútbol, como digo, ya no es sólo fútbol. Aunque a primera vista extrañe un poco, el fichaje de un jugador bien puede hoy día equipararse a la adquisición de un activo importante por parte de una empresa. El fútbol de nuestros días, y especialmente en Europa, es deporte, entretenimiento, pero también una gran industria. Luego, lógicamente, hay que esperar  que esa inversión  responda a las expectativas en ella depositadas. Pero como en cualquier otra operación económica de altura.
Y aunque no especialmente reconocido hasta el momento por la afición española, cierto es que Bale cuenta a priori con todas las condiciones para triunfar.
Declarado en la temporada última mejor jugador de la Liga de fútbol con mayor audiencia en el mundo  –la Premier  inglesa–, el galés tiene por su sencilla imagen personal y sus valores deportivos un potencial publicitario enorme. Si el muchacho tiene un buen comienzo en la Liga española, las 40.000 ó 50.000 camisetas que a nivel mundial se calcula puede vender esta temporada se quedarán más que cortas. Sólo la competencia mirará con recelo.

Feijóo y “El Tata” Martino