Preparémonos

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Todo apunta que el Partido Socialista, una parte principal cuando menos, facilitará con la abstención la investidura de Rajoy. Se acaba el esperpento. Al menos, una alta dosis del mismo. Veremos en qué desemboca todo. Démosle tiempo al tiempo. Siempre ha sido así. La puntilla al socialismo se la puede dar el presidente en cualquier momento convocando unas terceras elecciones. Pero difícilmente llegaran a grandes pactos de gobierno, siquiera alguno que otro en el mejor de los casos. Y todo apunta a que estaremos ante una legislatura corta o de medio plazo, máximo dos años. El tiempo para que unos y otros se recompongan. Superados rubicones diversos, volveremos a un nuevo escenario, si bien corroído por los viejos cánones. La corrupción sale indemne, la amnesia lo envuelve todo y las culpas, siempre de otros, nunca propias.
De momento Ciudadanos y Podemos creen que en el empobrecido caladero socialista habrá trasvase de votos, pero éste y esto, es volátil per se. Nada se sabe. El tiempo será un juez implacable. Y el socialismo o se refunde y reinventa, ambas, o el declive será inexorable. Rajoy se forjó en estos últimos años en una absoluta omnímoda, aplastante y hasta arrogante. Ahora empieza otro tiempo donde el gallego sabe moverse. Y mucho nos tememos que los viejos nacionalismos vasco y catalán sabrán sacar tajada económica. Siempre ha sido así. Y siempre seguirá siendo así. Los vascos no permitirán que su sancta santorum, injusta e injustificable en la España de hoy, el cupo, sea movible siquiera un ápice, mientras el resto de comunidades asistirán atónitas a su blindamiento y mejoramiento. Y donde el hilo e hilaturas, aguja y alfileres enhebrarán nuevas cuestiones con tal de bajar el tono soberanista, será con los catalanes. Es cuestión de tiempo. 
Dos años por delante como mucho y siempre con la sartén por el mango para un Rajoy que, si sabe beneficiarse de una cambiante geometría de apoyos, podrá finiquitar a su antojo para unas nuevas elecciones. Los socialistas estarán más pillados que él. Máxime hasta que las aguas vuelvan a un turbulento cauce donde los más conspicuos serán apartados y los más dóciles aupados. Un final que está escrito y descrito. Tenía dos formas de morir, y escogerá una, salvo que el electorado le salve in extremis, pero difícilmente volverá a ser lo que fue. Preparémonos para todo, para olvidar y para sorprendernos con todo tipo de silencios, complicidades y mirar hacia otro lado, o el credo tancrediano. Nada se mueve, pero todo sigue en movimiento.

 

 

Preparémonos