TALANTE, DIÁLOGO Y SECESIÓN

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Han transcurrido 18 años desde que el cantautor José Labordeta le diera vida al documental televisivo “Un País en la Mochila”. Sin embargo, hoy no existe la certeza de que aquel país pueda continuar dentro de la misma mochila.
La última Diada catalana superó a las anteriores, tanto que el Gobierno ha entrado en estado de pánico proyectando la sensación de no saber qué hacer (¡grave!). En Moncloa tienen miedo, demasiado miedo. Parece ser que piensan que el mejor ataque –hacer cumplir la Ley– es resistir, que al final  la calma volverá y aquí paz y después gloria (¡otro error!). No se dan cuenta que el nacionalismo catalán es como un caballo desbocado. Además, lleva un largo trecho andado hacia la independencia, con lo cual, dudamos mucho que quiera desandarlo.
Los secesionistas creen que llegó su momento al sumar los siguientes factores: crisis económica, más desprestigio de los grandes partidos, más corrupción, más incapacidad de Madrid para responder, más presión callejera, más campaña internacional; igual a posible Estado catalán.
Ni que decir tiene que han montado una estrategia casi impecable. Sin ejercer apenas violencia física, pero sí una gran dosis de la psicológica, el plan les está funcionado como un reloj suizo. Quizá demasiado bien para que llegue a buen puerto.
Cada día que pasa suman más voluntades a su esquizofrénico proyecto. Hace algunos años no tenían ni la mitad de los apoyos que tienen ahora, pero a tenor de la crisis económica se les sumaron decenas de miles de neófitos. Algunos por oportunismo, piensan que pueden ganar los secesionistas. Y otros para evitar complicaciones con su vecino nacionalista –si es que tiene alguno. No olvidemos que las personas que se sienten españolas en Cataluña están sometidas a una gran presión social. Que sólo los espíritus fuertes y con ideas claras pueden resistirla.
Cuando no se respeta el marco constitucional, como está ocurriendo en nuestro país, entonces la Ley de leyes –como suelen llamarse a los textos constitucionales– se convierte en letra muerta. Un proverbio chino dice, que el camino más corto no siempre es el mejor. Y parece que el señor Artur Mas lo aprendió bien, puesto que podría declarar unilateralmente la independencia, pero hete aquí que no lo hace. No toca todavía. Si lo hiciera en este momento, el Gobierno se vería obligado –por imperativo constitucional– a suspender la autonomía de Cataluña, lo cual sería una hecatombe política para el President. Aunque éste parece no tener prisa, está intentando marcar bien los tiempos. O al menos eso parece.
Después de las últimas elecciones catalanas nadie daba un potosí por el futuro político de Artur Mas –que posiblemente no lo tenga–, sin embargo, sigue ahí, dirigiendo un barco hacia un seguro naufragio. Muchos analistas pensaron que este hombre había arruinado su carrera política. Que debería dimitir y marchara a su casa. Pero no lo hizo. Y ahora, respirando oxígeno del independentismo, se mantiene con vida para hacer temblar los cimientos del Estado español. Incluso chantajeándolo.
No nos engañemos, en el edificio de la Plaça de Sant Jaume están construyendo el nuevo Estado catalán. Que se lo dejen terminar es otra historia, pero lo están haciendo en las narices del Gobierno. Y Rajoy haciendo un acto de “talante”, emulando a ZP, sigue pidiendo más diálogo. Y en Sant Jaume le siguen el juego, dialogan al mismo tiempo que construyen su nación. Parece una burla. Aunque allí ya no utilizan un lenguaje ambiguo, como hacían en otros tiempos, ahora es cristalino como el agua.
Por lo tanto, “acta est fabula” (la comedia ha terminado). Y Mariano Rajoy, más pronto que tarde, tendrá que tomar una decisión. Que no le quepa la menor duda: Cataluña se está divorciando de España. Los trámites de ese divorcio han empezado. Y sólo existen dos salidas posibles: dejar que sigan su curso o detener todo el proceso de separación, cumpliendo y haciendo cumplir la Constitución del Reino. Por otro lado, mucho nos tememos que si el divorcio catalán llegara a materializarse le sigan otros procesos de separación.  

 

TALANTE, DIÁLOGO Y SECESIÓN