La inocencia de Villares

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EL exjuez y virtuoso de la gaita y la zanfoña Luís Villares no es un hombre muy de sentencias; lo fue en su vida anterior, cuando la toga era su uniforme de trabajo, pero ahora, como miembro de la xente do común, huye del dogmatismo. Tanta distancia ha interpuesto con él que ni siquiera está dispuesto a pedir la dimisión de Lidia Senra, antigua jefa de los labregos e gandeiros nacionalistas de la nazón de Breogán y conspicua activista antivacunas. El voceiro de En Marea, originariamente un espacio multicultural hispano-galaico y ahora sabe Dios qué, explica que deben dimitir quienes crean problemas en el ámbito sanitario y llevan a la población a situaciones de riesgo, que no es el caso de la eurodiputada. ¡Miñaxoia! El tío dice eso y se queda tan tranquilo. Claro que también descarta que los críticos con su labor estén negociando constituir una nueva formación. Debe ser el único mareante que piense así, porque el resto, estén de una lado o de otro, son plenamente conscientes de ello. Aún va a tener que pedir el reingreso en la carrera judicial antes de lo que pensaba.

La inocencia de Villares