El martes, parto

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Se indignan las masas en las redes sociales al enterarse de los pormenores de la llegada al mundo del hijo de Shakira. La cesárea programada a conveniencia de la artista les irrita sobremanera. Dame hora para el martes por la tarde, parodian, como quien pide cita en la peluquería.

Quizá esperaban que la amante de la Madre Tierra, mujer espiritual en mágico contacto con las energías que la rodean, protectora de todas las criaturas se fuese a un claro del bosque al sentir la primera contracción y en cuclillas, entre gritos de dolor y cánticos ceremoniales, diese a luz a su pequeño. Puede que en su época de gata salvaje maullando contra la opresión y la injusticia hubiese tenido sentido.

Pero en plena ciudad de Barcelona y como reina del balanceo de cadera lo propio es buscarse una confortable habitación de hospital. Como haría cualquiera. Y eligiendo fecha y hora, si pudiese.

Reconozco que la petición de que el equipo que la asistió estuviese formado exclusivamente por mujeres puede sonar a capricho de estrella. Pero quién sabe, igual era una deferencia a su querido novio; que el único hombre que compartiese con ella ese momento fuese él.

Cada uno entiende el amor a su manera. O igual era una cuestión de pudor. Incluso de coquetería. O simplemente, ya que tenía que pasar por una experiencia que aterroriza a la inmensa mayoría de la población femenina, pretendía estar lo más cómoda posible y sin recibir indicaciones de alguien que lo más cerca que puede sentirse de un parto es con un cólico nefrítico.

Lo del crujano plástico ni siquiera necesita la más mínima defensa. Que una mujer no quiera verse marcada es lo más natural del mundo. Para recordatorio de su maternidad ya está su hijo. Y millones de fotografías, a buen seguro.

Y si se piensa en que esa mujer se gana la vida vistiendo tops por encima de la cintura, que exija por escrito el compromiso de que no le quede cicatriz alguna en esa zona es una solicitud lógica. Protección de su futuro laboral, se podría llamar .

Admito que podríamos entrar en cuestiones sobre la mercantilización de la sanidad en el sector privado, el dinero que todo lo paga y demás. Pero serían ganas de polemizar.

De despellejar a la famosa que se pone a tiro y extender el veneno de nuestras críticas a quien se encuentre cerca. Los profesionales del centro médico que acceden a las peticiones con una sonrisa, por ejemplo. Qué quieren que les diga. Bien por ella. Ojalá todas pudiésemos.

El martes, parto