Ser o no ser español

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Así que llega el 12 de octubre los periódico se llenan de artículos  acerca del sentido de ser español. Es una polémica circular que da pie a un fenómeno único. En ningún otro país sus naturales discuten si se sienten o no ciudadanos de su país. No discuten porque asumen que uno es de donde nace, aunque al cabo de la vida uno puede elegir donde pace.
En ningún otro sitio se discute, pero aquí sí. Desde que Unamuno proclamara su dolor por España no hemos dejado de flagelarnos a propósito de este asunto. Es una polémica que tiene sus raíces en la Historia, que es la que explica cómo y en qué circunstancias los territorios de la península fueron conjuntándose hasta cerrar el diseño que hoy conocemos. Otras naciones conmemoran con entusiasmo las fechas que evocan los aconteceres que dieron pie a su formación. Los escolares estudian la Historia del país y conocen su Constitución. Ese nexo inicial ni castra la diversidad ideológica ni impide la pluralidad política. 
Cuando se dice que en España la renuencia de una parte de la izquierda a los símbolos que nos identifican como país es porque el franquismo se apropió de ellos y porque remiten a las heridas de la Guerra Civil se olvida que la Constitución del 78 fue aprobada por la mayoría y en ella están las bases que nos han permitido superar el rencor de las “dos Españas”. Quienes mantienen anclado su discurso en aquella polarización derechas/izquierdas se olvidan de que la España de nuestros días es otro país. Un país moderno en el que la gente mira hacia el futuro.

Ser o no ser español