PODEMOS, CONFUSO EN FERROL

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A escasos días de que se cumplan tres semanas de la finalización del proceso para determinar qué candidatura de las cuatro que se presentaron en Ferrol adscritas a Podemos es la elegida, todavía se desconoce el balance del aparato organizativo de la formación ante las irregularidades detectadas. Si esta resolución se aventuraba, incluso desde Madrid, que sería casi inmediata, la decisión se hace esperar y se posterga, al menos, hasta el próximo lunes. Fácil desde luego no lo tiene el secretario general del partido en Vigo, nombrado a tal efecto para despejar las dudas de un procedimiento que se saldó con más de 200 presuntas irregularidades, la mitad de las computadas en todo el país. Lamentable ejemplo el de esta ciudad, apretada de líderes pero sobrada, como se sabe, de salvadores. ¿Qué ferrolano no tiene en su mano la solución a todos los problemas o propuestas más que suficientes para garantizar la recuperación de una ciudad en todos sus ámbitos, desde el económico al urbanístico, pasando en buena lógica por el de la consabida inestabilidad municipal, solo rota en el último mandato por el PP?
Es imposible que la cuestión no se le aplique, si no a todos, sí a una buena parte de los vecinos de esta ya pequeña ciudad. Y es que tertulias y cenáculos, cuando no simples bancos de una plaza, acogen eternas discusiones, permanentes disquisiciones sobre qué habría que hacer y qué no, pero sobre todo bajo el limitado contenido de que, se haga lo que se haga, nunca nada está bien hecho. Quien temiese a día de hoy que los nuevos ámbitos políticos puedan distorsionar lo conocido hasta ahora no podrán dejar de ver en ejemplos como el referido una muestra más de la incapacidad para entendernos y, sobre todo, de la virtud que supone que un servidor público se ausente de toda intención de acceder al poder por los vericuetos más insondables de la condición humana. La decepción está servida, máxime cuando lo que se traslada insistentemente es que, desde la llegada al poder del PSOE de Felipe González en 1982, no ha habido mayor oportunidad en este país para trastocar el ya conocido mapa político. Lo que sí se tiene en Ferrol, en cualquier caso, como en cualquier otra localidad española, es la legítima aspiración a que las cosas mejoren, sobre todo teniendo en cuenta las tres décadas de frustración en las que ha estado sumida una ciudad que, pese a los entendidos, no acaba de encontrar su futuro. Tal vez el lastre sea demasiado pesado y lo que se requiera sea, simplemente, voluntad para superarlo.

PODEMOS, CONFUSO EN FERROL