La traición de Hollande

|

El catastrófico resultado del Partido Socialista francés  –que apenas logra salvar un poco la cara gracias a la consecución del importante ayuntamiento de París– brinda en bandeja un nuevo récord para François Hollande; ya que si hasta ahora era el presidente peor valorado de la quinta república francesa, ahora puede sumar a sus méritos el haber cosechado el peor resultado de los socialistas galos desde Mitterand. Su descalabro ha sido aprovechado, cómo no, por una subida fulgurante de la derecha y, sobre todo,  por un reposicionamiento de la extrema derecha del Frente Nacional de Marine Le Pen, que ha conseguido importantes enclaves, tales como Avignon y Perpignan (ciudades con una amplia población inmigrantes, sobre todo de origen árabe). ¿Responsabilidad de la señora Le Pen y su cuadrilla de jovencísimos acólitos que claman por la “grandeur française” y la expulsión de los inmigrantes sin trabajo? Por desgracia, no. La señora Le Pen juega su papel y, hay que reconocer que, en el aire de mediocridad compartida por el PS y el UMP, lo juega muy bien.  
¿De quién entonces la responsabilidad? En mi opinión no cabe duda de que toda ella recae en la impostura de un presidente llamado François Hollande, cuyos dos años de legislatura hasta la fecha han sido la historia de una traición por goteo a sus promesas preelectorales y de investidura, bajo la apacible cara de un “santurrón” con gafas, incapaz de romper un plato o de mandar al carajo a un grupo de periodiats más interesados por las aventuras sentimentales del presidente que por las derrotas políticas del país. Claro que tampoco es tan fácil responder con un tajante “aller vous faire foutre” (literalmente: idos a tomar por culo) en un país aún carcomido moralmente por el “casse-toi, pauvre con” (algo así como, piérdete, pobre gilipollas) con el que Nicolas Sarkozy, aún en la presidencia, respondía a las increpaciones de un agricultor en una feria del sector. Epigramas  “à la Sarkozy”a los que podríamos responder “casi” con la misma moneda:  “Casse toi, riche con” (Piérdete, rico gilipollas). 
¿Y qué ha hecho Hollande tras su punición electoral? Recapacitar, recalcular, recapitular, rebuscar en lo más íntimo de su última y más recóndita neurona dedicada a un pensamiento fugaz de izquierda algo con lo que volver a empezar? Permítanme que me tome unos segundos para reírme a mandíbula batiente. No, lo que a hecho es reconocer que ya no le queda ni esa última neurona de izquierda rosácea y ha nombrado como nuevo primer ministro a Manuel Valls, un político de origen catalán que tiene bien claro que él está en el PS porque de algo hay que disfrazarse para vivir y para vivir bien merced a los que viven todavía mejor. Tipo que nutre aún más ese pintoresquismo de la social democracia continental y con el que ahora François Hollande pretende recuperar la credibilidad perdida en dos años (hay que decir que Manuel Valls es el político del actual gobierno socialista mejor valorado por los franceses), como ya antes de llegar al Elíseo la quiso asegurar a través de toda una serie de proclamaciones de izquierdas que sirviesen para recolectar los votos de un por entonces crecido Jean-Luc Mélenchon (copresidente del Partido de Izquierda). Justamente ha sido Mélenchon el que ayer, tras conocerse el nombramiento de Valls como nuevo primer ministro, ha descrito la decisión de Hollande como un “suicidio político”. Cierto. Pero el problema no es que Hollande se suicide políticamente, sino que los suicidados, como siempre, vayamos a ser los que tenemos mucho más que perder que ese nuevo “gignol” del neoliberalismo europeo. 
¿Y cómo se explica que un político socialista traicione de tal manera su supuesto credo con políticas que van desde el recorte de gasto público, la sumisión a la banca europea o la flexibilización del despido hasta el nuevo “pacto de responsabilidad”? Bueno, para responder esto y dado que ya no tengo más espacio para escribir, aconsejo que se lea el jugoso libro “La violence des riches” (La violencia de los ricos) en el que Monique y Michel Pinçon, antiguos directores del CNRS, trazan una genealogía muy interesante para comprender las relaciones amorosas entre la izquierda-caviar y los amos financieros. Nada de lo que allí se dice sonará lejano de lo que también en España ha ocurrido y ocurre en este momento. 

La traición de Hollande