Las mujeres también hacen ciencia

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n un mundo ideal la ciencia debería ser transparente, neutral y objetiva. En un mundo ideal, la ciencia no debería tener género. Pero resulta que vivimos en un mundo donde menos del 30% de los investigadores son mujeres, a pesar de que estas suponen la mitad de la población. En España, aunque el 55% de la matrícula de toda la universidad es femenina, pero en las carrera STEM (acrónimo inglés para Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) este porcentaje baja al 32%. La ciencia tiene género y es masculino.
Si miramos en el Centro Superior de Investigaciones Científicas, vemos que el 50% de las tesis son de mujeres, pero solo el 36% de la plantilla es femenina. Si miramos quienes son profesores de investigación encontraremos que el porcentaje es solo del 26%. Hay más datos que demuestran que este no es solo un problema de nuestro país. El 97% de los premios Nobel en Física, Química y Medicina son de varones. En la edición de 2019 sin ir más lejos no hubo ninguna mujer premiada.
Para cambiar todo esto, desde hace cinco años se ha impulsado la celebración el 11 de febrero del Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia. No podemos permitir que el talento de la mitad del planeta se desperdicie porque tenemos el prejuicio de pensar que a los niños se les da mejor las matemáticas que a las niñas. Investigadores de la Universidad de Wisconsin-Madison analizaron los resultados de pruebas de habilidad matemática en diferentes países, como también su evolución en los últimos años. 
Revisando e interpretando los datos, pudieron concluir que, en las culturas donde existía mayor igualdad de oportunidades y trato entre ambos sexos, no había casi diferencia entre los resultados de pruebas matemáticas.
Es necesario fomentar las vocaciones científicas entre las mujeres, pero no es fácil si no tenemos modelos exitosos en los que se puedan mirar. Aunque por fortuna siempre hay algunas pioneras que han ido abriendo camino como el caso de la recientemente fallecida Margarita Salas, bioquímica de referencia que descubrió una proteína que se encarga de copiar el ADN.
La primera revolución se logró cuando las puertas de las aulas de las universidades se abrieron para dejar paso a las mujeres. Ahora toca la segunda en la que las puertas de los despachos de dirección también se abran. Así quizás dentro de no mucho tiempo podamos decir de verdad que la ciencia no tiene género.

Las mujeres también hacen ciencia