MERDE

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Es gratificante comprobar que nuestros más altos representantes dominan las lenguas extranjeras y que, en ese sentido, avanzamos con respecto a épocas precedentes. Reconozcamos que no es lo mismo referirse a ese elemento escatológico con la palabra en castellano que hacerlo usando el acento propio del otro lado de los Pirineos. Por poner alguna pega, y me excuso de antemano por ello, es una lástima que ese término así usado en la lengua de Balzac lo haya sido para denigrar a un medio de comunicación y a los trabajadores que en él desarrollan su labor, exactamente la misma que la de quién tuvo a bien dirigirles ese exabrupto tan finamente articulado. Tal vez este episodio haya servido para dos cosas. La primera, comprobar que aún en las altas esferas no es oro todo lo que reluce, incluidas amistades poco edificantes, y la segunda, para constatar que la ordinariez, por muy bello que sea el envoltorio y que tal adorno no es propio de quienes tenemos la sangre roja.

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