El librero

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La matanza de los dibujantes franceses me hace recordar la historieta “El Dios” de la revista “El Jueves” donde sin cortapisa alguna, J.L. Martín satirizaba a la santa trinidad cristiana, y me lleva a reflexionar sobre la nueva y a la vez vieja amenaza que constituye el Islam desde su fundación. Es erróneo pensar que la victima es un medio de comunicación concreto o una nación determinada. Es la civilización occidental en su conjunto la que es objeto del ataque del integrismo musulmán. Son nuestros valores civiles los que están en peligro: la libertad de prensa y opinión, la igualdad del hombre y la mujer, los derechos humanos, el sistema democrático etc. La terminología más propia de la Edad Media que es utilizada por un sector de esta religión provoca que para ellos España sea Al-Andalus, o que nuestra pertenencia a la OTAN o a la UE sea considerada un ejército de cruzados. En esta mentalidad empapada del fundamentalismo religioso más deshumanizado está la base del problema. Partiendo de la obvia distinción de que no todo musulmán apoya la violencia; también es cierto que el concepto de tolerancia que utilizamos en Europa no es el mismo que los musulmanes más moderados aplican en sus naciones. Les recomiendo que lean un libro llamado “El librero de Kabul” de la escritora noruega Asne Seierstad. En dicha obra verán, a modo de ejemplo, que el moderado islamista que guarda libros y se enfrenta a los talibanes no deja que sus mujeres coman con los hombres en la misma mesa. Por lo tanto nuestra tolerancia ha de tener unos claros límites. No es tolerable que se permitan ablaciones o que niñas menores de edad sean llevadas por sus padres a sus países de origen para la celebración de matrimonios concertados. No es admisible la limitación del acceso a la libre educación o a la vida social plena de las mujeres. Es de una imposibilidad radical aceptar que las mujeres lleven tapados sus rostros y la totalidad de su cuerpo. En este sentido me sorprende negativamente la contradicción de la divina izquierda europea, que es terriblemente condescendiente con el Islamismo y a la par beligerante con la Iglesia Católica. Claramente se equivocan de adversario, pues al fundamentalismo cristiano ya lo han vencido hace varios siglos, mientras que el Islámico vive con nosotros.

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