El bache

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No crean que me voy a referir a la gran depresión económica en que todavía vivimos, pese a las fantasías de Mariano, o a la situación crónica e interminable de nuestra querida y devastada ciudad. No, en realidad me referiré al bache como agujero físico que con profusa frecuencia adorna las calles de  Ferrol. Y dejaré que cada uno de ustedes piense en el bache que quiera. Hay donde elegir, y seguro que cada lector tiene su bache preferido. Yo evocaré  un conjunto de baches grandes y profundos que se sitúan al pie de un paso de peatones en la calle Manuel Belando, donde hace unos días contemplaba con estupor a un anciano de 95 años intentando cruzar la calle evitando los socavones y acordándose de la agilidad perdida en su ya lejana juventud. Yo, en cambio, me acordaba de la jeta de algún que otro concejal y del dineral que se tira por los desagües de la desvergüenza que van a parar a empresas privadas que, supuestamente, tendrían que encargarse de arreglarlos.  

 

El bache