Decíamos ayer o más de lo mismo

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Cuentan las crónicas que cuando fray Luis de León se reincorporó a su cátedra de Salamanca después de haber pasado cuatro o cinco años en la prisión inquisitorial de Valladolid, retomó sus lecciones con el hoy histórico “decíamos ayer”, como si nada por medio hubiera sucedido.
Pues bien, algo muy similar podríamos expresar a propósito del curso político que con ligera antelación y mayor ímpetu si cabe que en otras temporadas acaba de comenzar. Los temas internacionales le han salvado un poco el descanso al Gobierno y al Partido Popular. Pero rematadas las vacaciones oficiales, casi sin solución de continuidad, casi sin tiempo para ajustarse el cinturón, hemos vuelto a lo mismo.
Hemos vuelto a un cansino más Rubalcaba, más señora Valenciano, más Soraya Rodríguez, más Bárcenas, más recursos socialistas ante los juzgados de turno, más ataques a la reforma educativa en curso, otra vez más Bárcenas. Nada nuevo, en definitiva. Más “decíamos ayer”.
Al presidente Rajoy y al Gobierno central no se le presentan fáciles las cosas en el curso que se abre. Y no tanto por los grandes temas que tiene pendientes sobre la mesa –que también–, como por la ofensiva sin cuartel que desde la calle y las instituciones le empiezan a montar un Partido Socialista y una izquierda que parecen dispuestos a todo. Por no hablar de los juzgados, que también tendrán no poco que decir.
La nota distintiva tal vez la haya puesto la huida de José Antonio Griñán desde el palacio de san Telmo hacia los más apacibles escaños del Senado madrileño, para evitar que lo alcance el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y esperar así la previsible mejor suerte que los más altos tribunales centrales le pudieran deparar por el asunto de los ERE, al estilo de lo que por otro contencioso le sucedió hace poco tiempo a su compañero de filas el exministro José Blanco.
Griñán –presidente federal que también es del PSOE– se despide de Andalucía dejando tras sí todo un récord de paro en la región (35,7 por ciento) y dejando también el mayor escándalo de corrupción que se haya dado últimamente en nuestro país, aunque los grandes altavoces mediáticos, nacionales y regionales, sigan obcecados con el asunto Bárcenas.
Le sucederá en Sevilla al frente de la Junta Susana Díaz, una mujer de 38 años que llega a la presidencia andaluza sin haber pasado antes por una oposición o por un empleo público o privado. Licenciada en Derecho después de once años de carrera, se trata de una militante socialista que siempre ha vivido en y del alto aparato político del partido. Un partido, por cierto, que en cuatro años habrá formalizado tres investiduras de dos candidatos que no han ganado en las urnas. ¿Hay quien dé más?

Decíamos ayer o más de lo mismo