Sin vergüenza obispal

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En mi artículo anterior criticaba al Obispo de Palma de Mallorca por colarse en un centro-residencia de curas jubilados para vacunarse contra el Covid-19. Le pedí entonces al Obispo Taltabull que dimitiese, que no lo hizo ni yo esperaba, pero tampoco lo han cesado que es peor. Ambos, el Nuncio y el Obispo, no tienen dignidad alguna ni vergüenza y han perdido, ambos, una oportunidad para intentar hacer creíble las disculpas en las que el Obispo Mallorquín se escudó. Pero ellos, ya saben Vds., están por encima de todo.


Pero esta aventura mundana de colarse y aprovecharse de la posición de mando, también la ha disfrutado su colega Obispo de Cartagena, José Manuel Lorca. Otra alta en el club de los getas; aunque parece que Lorca lo ha hecho peor, ya que según cuentan las crónicas han falsificado por él una lista colándolo para que lo vacunasen, incluyendo, además, a su Obispo Auxiliar, su Secretario y no sé quien más. Para ello se autonombraron simples capellanes de una residencia de ancianos. ¡Con un par! que diría el castizo. Pero asombra el relato que un trabajador anónimo (por miedo a represalias) explicó en una denuncia sobre cómo llegó al acto su Ilustrísima, con su séquito cual ministro plenipotenciario de una vulgar dictadura.


Lorca dice que no era consciente (lo que hay que oír, parece la disculpa oficial) de lo que hacía. Es decir, no se enteró de los protocolos a seguir en el proceso de vacunación. ¡Con otro par! Entonces, ¿que dirige este Obispo? Eso sí, también pide disculpas. Pues disculpado Vd. y sus colegas, pero tengan dignidad y váyanse, junto con sus séquitos. La vida monacal necesita ayuda y a Vds. les sentará muy bien.


He dicho muchas veces que la mayoría de obispos no sirven. Siguen pensando que están por encima de todo, pero lo peor es que son los que dicen capitanear lo que llaman Nueva Evangelización; que el cielo nos salve. ¡Qué credibilidad les queda! Con ellos es fácil entender por qué cada vez hay menos fieles y más personas en contra de la Iglesia y de los cristianos. Este tipo de obispos sobra.


Cada vez me creo más que no creen en Dios.

Sin vergüenza obispal