Reportaje | “Las amenazas ya no van contra mí, sino contra mi mujer, mi hijo y mi nuera”

Entrevista Jorge
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Vivir bajo la constante amenaza de ser agredido no es fácil. Pese a que podría parecer una afirmación obvia, no deja de ser una realidad de la que muchos, por todo lo que conlleva, prefieren terminar huyendo. Sin embargo este no es el caso de Mauricio G. Espinosa un vecino del barrio de Recimil de 52 años y natural de Chile que no se resigna a abandonar su entorno pese a aguantar cada día los insultos e intentos de intimidación de una familia de la zona con la que mantiene una disputa legal desde que, dos años atrás, fuera acuchillado en mitad de la calle por defender a su nuera.
Los hechos sucedieron el 2 de septiembre de 2016 a las 11.30 horas a escasos metros del portal de su domicilio, en la calle Pontedeume. Mauricio volvía a casa cuando pudo ver a la ex-pareja de su hijo enzarzada en una discusión con otra vecina. Según relata el hombre, tan pronto como intercedió por su nuera tres individuos aparecieron y le propinaron una brutal paliza. Su propio hijo se vio involucrado en la reyerta, pues al descubrir lo que estaba pasando trató de separar a los agresores de su padre que, ya semiinconsciente, yacía en el suelo. “Ese día, cuando me sucedió, estaba mi hijo, aunque él no se dio cuenta en un principio porque fue todo muy rápido; él estaba conversando con otro chico a la altura del túnel. Él me sacó a uno de encima, lo empujó y lo tiró cuando me estaban pateando en el suelo”, asegura Mauricio. El incidente se saldó con varios días de hospital y una cicatriz de 20 centímetros en el lado izquierdo de su rostro que, a día de hoy, intenta esconder con una cuidada barba.
Desde aquel día, el afectado y su familia viven en un clima de amenazas, insultos y denuncias sin fin. Pese a conseguir una orden de alejamiento contra uno de los agresores –el presunto autor de la cuchillada–, los otros dos han continuado con una campaña de amedrentamiento a la que se han sumado más personas de su entorno. La situación ha llegado a tal punto que la Policía incluso ha tratado de convencerle para que deje de presentar denuncias hasta que se celebre el juicio de la primera agresión. “Yo fui a la policía –tras un nuevo episodio de amenazas por la calle– y me dijo que no podía hacer más denuncias porque el caso va a ir para atrás. Entonces fui a la abogada y ella me dijo que no hiciese caso, que hiciese todas las denuncias que quisiera, que si me amenazaban tenía que hacerlas. Ella me aseguró que el caso del navajazo ya estaba en A Coruña y que estaban esperando que los llamasen”, señala.

Juicio
A la espera de que se celebre el juicio, Mauricio continúa aguantando una persecución constante. Él asegura que el resto de la vecindad se siente igual, pero que por miedo no denuncia. Las amenazas no solo van dirigidas a él; su mujer, su hijo, su nuera y los niños de esta son víctimas del acoso constante.
Esta situación alcanza, por momentos, cotas irreales; en septiembre, por ejemplo, el domicilio de Mauricio estuvo sitiado durante horas por una decena de personas, que se aglomeraron frente al portal al tiempo que gritaban que los iban a matar. Lo más sorprendente es que, más tarde ese mismo día, el vecino se encontró a esa misma gente esperándole en la comisaría cuando se disponía a denunciarlos una vez más.
Mauricio G. Espinosa asegura que no se va a rendir, que pese a las amenazas Recimil es su barrio y que, hasta antes del incidente, disfrutaba la vida allí. Pese a estar desempleado intenta mantenerse activo ayudando a sus vecinos en las labores de reparación de su edificio. Es esa actitud, ese coraje, lo auténticamente necesario para revitalizar una zona. Las inversiones económicas son importantes, pero el valor de las personas que aman su barrio y deciden luchar por ello hasta las últimas consecuencias son lo que realmente hacen de este un lugar donde merece la pena vivir.

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