El buen tiempo animó a miles de ferrolanos a peregrinar a Chamorro

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Tras años teniendo que soportar la incesante lluvia cada 17 de abril, la romería de Chamorro gozó ayer de un excelente tiempo que animó a “romeros”, en particular, y ferrolanos, en general, a disfrutar de un día de tradición y fiesta como colofón a los actos de la Semana Santa 2017.

Las gorras, gafas de sol, abanicos, ropa cómoda y fresca, mochilas y el protector solar resultaron imprescindibles para todas aquellas familias –al ser día no lectivo, fueron muchos los niños y adolescentes que acudieron a la romería– y grupos de amigos que decidieron acudir, como cada Lunes de Pascua, al encuentro con la Virgen del Nordés, una tradición instaurada desde hace más de 300 años.

Los 21 grados que marcaba el termómetro hicieron que la subida a la ermita –de carácter privado–, tanto por la carretera asfaltada –de 1 kilómetro de largo– como por los dos caminos de tierra de la ladera del monte, fuese más costosa.
El ir y venir de gente fue constante durante primeras horas de la mañana y el aparcar cerca de las vías de acceso –la principal se encontraba cerrada al tráfico– se hizo imposible a medida que se acercaba la una de la tarde, hora en la que el párroco de Serantes, don José Rey Kochinke, ofició la última misa –se celebró una ceremonia cada hora desde las diez de la mañana–, a continuación de la cual salió la procesión de la virgen.

Como en pasadas ediciones, el Concello habilitó un servicio de bus gratuito para ayudar tanto en la subida como en la bajada a los mayores y a todas aquellas personas con mobilidad reducida. Además, efectivos de la Policía Nacional y Local, Bomberos y Protección Civil velaron por la seguridad durante la celebración, que solo se saldó con algún que otro mareo y bajada de tensión debido a las altas temperaturas.


Como viene siendo habitual, puestos de ropa, artesanía, embutidos, dulces y comida rápida se agolpaban en los extremos de la carretera, aunque sin duda, unos de los que más triunfo obtuvieron fueron los de bebidas frías, helados y granizados –sobre todo entre los más pequeños– para hacer más llevadera la caminata bajo el sol.
Las roscas de trigo y centeno, fueron las principales protagonistas de todo aquel que quiso conseguir avituallamiento para el camino, aunque su precio subía al mismo tiempo que lo hacía la cuesta –pasaron de costar cerca de tres euros a cinco en los últimos puestos del recorrido–.

Hubo quien no quiso que nadie de su familia se perdiese la jornada, por lo que fueron muchos los que “peregrinaron” con su perro hasta la cima de la montaña, haciendo las pertinentes paradas para hidratarse tanto unos como otros.
Una vez arriba, la compra de exvotos y velas era obligada, para ofrecérselas a la virgen dentro de la ermita –apagadas– o en los soportales –encendidas–.

A las 13.45 salió la imagen vestida de blanco en procesión e hizo un breve recorrido hasta la fuente de dos caños próxima a la ermita, para volver a entrar en esta pasados apenas unos 10 minutos de su partida. Una banda de gaitas acompañó el desfile, que fue seguido de cerca por fieles y curiosos que quisieron inmortalizar el momento –y las vistas de la ría y la ciudad que ofrecen los 174 metros de altura– con sus teléfonos móviles.

Tras este último acto litúrgico, se lanzaron bombas de palenque desde el cementerio de Serantes y los visitantes optaron tanto por retirarse e ir a comer tanto a sus casas como a los bares de la zona, como por buscar una buena sombra en las inmediaciones de la ermita y disfrutar de un picnic.

La capilla estuvo abierta hasta las siete de la tarde, por lo que fueron cientos de personas las que no quisieron perderse la oportunidad de disfrutar de la tradición antes de volver a la rutina. l

El buen tiempo animó a miles de ferrolanos a peregrinar a Chamorro