Antonio García Arias | “La docencia se ha convertido en una profesión muy burocratizada y estresante”

Toni García, en la playa de Doniños, durante una de sus últimas visitas a Galicia
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Antonio García Arias (Laraxe, Cabanas, 1969) es uno de los galardonados en la segunda edición de los premios Educa de Abanca como Mejor Docente 2018 en la categoría de Educación Primaria. Sus 24 años de trayectoria, todo ellos en Murcia donde actualmente dirige el CEIP Joaquín Carrión Valverde de San Javier, le han valido el reconocimiento de sus alumnos y familiares que son los que hacen la propuesta de cada candidatura.

Ha sido nombrado recientemente mejor docente de Primaria 2018 entre 1.849 profesores. ¿Qué supone para usted el galardón?
La verdad es que supone un reconocimiento a los 24 años de docencia que llevo ejerciendo. Es un reconocimiento tanto a la parte visible que es la diaria con los alumnos, como toda esa parte que uno dedica a innovar, investigar, escribir, leer y realizar tu formación porque son cosas que muchas veces no se ven pero que también forjan a un buen docente. Este premio supone eso emocionalmente supone un reconocimiento a esos años de docencia.

¿Qué lo animó a ser docente?
Yo inicialmente no me metí en Magisterio de una forma vocacional. Yo venía de Económicas porque a mí me gustaba el mundo de las finanzas pero no encontré allí nada que me llamase. De Magisterio me gustaba la parte de la sociología de la educación y la psicología pero no fue hasta empezar a estudiar la carrera cuando descubrí mi verdadera vocación.

¿Cómo llegó a Murcia?
En Galicia, durante varios años las oposiciones estuvieron suspendidas por un proceso de una reclamación que se había hecho a la Xunta por una convocatoria irregular y entonces estuvimos muchos años sin convocatoria. Y claro yo quería ejercer mi profesión a toda costa y de las posibilidades que había la que más me llamaba la atención era Murcia porque era el sitio donde más plazas había y encima había mar que es algo que yo necesito para vivir.

Como estudioso también de su profesión –ha escrito numerosos libros–, ¿cómo ve la docencia?
Actualmente veo una profesión estresada. Yo cuando empecé hace 24 años era una profesión más libre, más tranquila, más relajada... donde te daba tiempo a dar los contenidos de una manera más solida y los alumnos los adquirían mucho mejor porque era todo más pausado. Hoy en día la docencia se ha convertido en una profesión totalmente burocratizada y estresante porque casi todo tiene que tener un papel de lo que realizas. Hay un currículum excesivo que tienes que dar y del que habría muchos contenidos que habría que eliminar y eso lleva a que tengas que trabajar sobre los contenidos sin sentarlos completamente, es decir antes de que al alumno le de tiempo a asimilarlos hay que cambiar ya de página porque hay que acabar el libro.

¿Y cómo cree que la percibe la sociedad?
En las estadísticas y en las encuestas sale muchas veces que la sociedad le da importancia a la labor docente pero en el día a día te das cuenta de que eso no es real. Nuestra figura está en continuo suspenso, siempre están juzgando de alguna manera tu labor docente. Ese respeto que había antes se ha perdido de alguna manera e incluso hay padres que creen que pueden decirte cómo educar a sus hijos cuando ellos en su ámbito familiar no lo están haciendo.

¿Cómo fue su experiencia como alumno?
Yo no me quejo de mi etapa como alumno lo que sí que digo siempre es que había ciertas cualidades en mí que el sistema educativo no era capaz de valorar. Siempre se ha dado valor a las lenguas y a las matemáticas, a las áreas más troncales, pero luego hay otras ramas, más artísticas o de educación física que raramente se valoran. Yo era un alumno que suspendía muy a menudo y sin embargo en dibujo era buenísimo y me ponían notas inferiores a las que me decían porque de hecho gané concursos de dibujo y en clase me ponían un bien o un suficiente. Eso era porque en matemáticas y ciencias yo era un mal alumno, posiblemente por mi inmadurez también y no respetaban mi ritmo de aprendizaje por un lado, y por otro si era malo en matemáticas y ciencias también tenía que serlo en todo lo demás y no valoraron las cualidades de liderazgo que yo tenía en el patio o cómo me desarrollaba como compañero.

¿Cree que estos aspectos sí los tiene más en cuenta el sistema actual?
Yo creo que no. Creo que seguimos anclados en eses troncalismo de que todos los alumnos que son buenos en ciencias y matemáticas son buenos en todo lo demás y un alumno que solo sea bueno en educación física no vale para nada más. Seguimos etiquetando a los niños, sin darnos cuenta de que su desarrollo individual pueda hacer que maduren más temprano o más tarde pero que luego tenga éxito en la vida, a pesar de que no hayan alcanzado éxito escolar.

¿La innovación educativa y las nuevas metodologías no ayudan a que esta mentalidad cambie?
Es importante, lo que pasa es que ahora estamos en manos de gurús educativos. En nuestra profesión hay ahora una injerencia por parte de ciertas instituciones que están vendiendo muy bien una serie de metodologías que la verdad no sirven para gran cosa y yo creo que estamos en manos de gente que dice frases muy hermosas que están muy bien para Facebook y para Twitter pero que realmente no valen para educar. Y muchos profesores se están dejando arrastrar por esa corriente un poco absurda de frases facilonas que luego en el día a día hace que tengamos niños grandes y fracasados emocionalmente incluso a pesar de que vende tanto la educación emocional. Desde el punto de vista mediático la educación no importa para nada excepto para un show de cuatro o cinco grandes televisiones o cuatro o cinco grandes bancos que se dedican a publicitar a los suyos pero que no cuentan con los docentes de verdad.

¿Qué retos tiene entonces por delante la profesión?
Desde el punto de vista de la administración lo primero que debe hacerse es eliminar el exceso de burocracia, sino la tarea de docente está lastrada desde el inicio y abrir un debate sobre qué contenidos son realmente importantes para el alumnado porque quizás haya que eliminar algunos e introducir otros. Los alumnos de hoy no son los alumnos de hace 20 años y los contenidos no pueden ser los mismos, además teniendo en cuenta los cambios sociales tan grandes. Y luego con respecto a nuestra profesión en sí, hay que hacer ver a las familias que tienen que volver a coger un papel principal y primordial en la educación más básica de valores y comportamientos de sus hijos porque en realidad están delegando en la escuela este tipo de educación.

Antonio García Arias | “La docencia se ha convertido en una profesión muy burocratizada y estresante”