“Las ofertas que hay en marcha repercutirán también en Ferrol”

\Casa Cultura de Neda conferenciante Francisco Arechaga
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¿Cuál es la realidad sobre el cambio climático?
Hay una inquietud mundial por el cambio del clima y las acciones que se están tomando. Hay un aumento de la temperatura del globo de casi un grado desde 1880 y un aumento del nivel del mar de más de 20 centímetros. Son datos constatados, como que 2014 y 2015 fueron los más calurosos, lo que indica que está ocurriendo algo, como el efecto de los gases en la atmósfera, que constatan que el aumento del CO2 está ya por encima de las 400 partes por millón, frente a las 330 de la era preindustrial. Este es un cambio ha puesto muy nerviosos a los líderes mundiales y a la sociedad, como se vio en el Protocolo de Kyoto en 1997. La Cumbre de París, en 2015, ya fue suscrita por 195 países. Estos 18 años dan una idea de la enorme sensibilización que hay a nivel mundial.

¿En qué se concreta el papel de Europa?
Europa va por delante. En el caso de Kyoto la Unión Europea lo asume como un objetivo propio y en 2007 establece los objetivos de reducción de emisiones y mejora de eficiencia energética, así como de participación de renovables en 2020. Los objetivos son claros porque ya en 2014 se establecen unos objetivos para 2030, en que la reducción de un 20 por ciento de emisiones de CO2 respecto a las de 1990 es el objetivo, y el mismo porcentaje se refiere a eficiencia energética y las renovables. En ese último año, las reducciones a la atmósfera serían pues del 40 por ciento, así como en el consumo total de energía que pasaría del 20 al 27 por ciento.

La eólica marina está entonces llamada a jugar un papel vital en estos cambios...
La UE tiene una ruta muy clara para la mejora de todas estas cuestiones de mejora energética, pero también va más allá y ya se piensa, pese a que todavía no se ha decidido, en tener en 2050 una economía sin carbono, lo que significa que las emisiones que se darán ese año serán entre un 80 y un 95 por ciento menores que las de 1990. La cumbre de París es una cosa mucho más genérica, pero en Europa como conjunto todo está muy especificado y ya hay países que han dicho que renuncian al carbón, como Gran Bretaña, que lo hará en 2025, o  Alemania, que lo hará con la nuclear en 2022.

¿Qué repercusiones se intuyen a nivel económico?
Los grandes fondos de inversiones están huyendo de los combustibles fósiles para meterse en el terreno de las renovables. Son pues señales clarísimas de un cambio importantísimo que ya se está produciendo en Europa y que al que el resto del mundo se verá arrastrado. Es un cambio que pasa también por el transporte. En el caso de España, esta actividad es responsable de la mitad de las emisiones de CO2 y la solución pasa en este campo por el vehículo eléctrico, que ha dejado de ser un deseo para convertirse en una realidad, con grandes prestaciones, en que recorrer 100 kilómetros tiene un coste inferior a 3 euros. 

¿Qué futuro nos espera?
Se está produciendo un cambio muy importante y el protagonista será la energía eólica, porque es la más eficiente de las renovables y Europa y concretamente a la eólica marina le corresponde un futuro tremendo. Ahora mismo hay instalados en eólica marina 11.000 MW y en 2030 se espera que haya como mínimo 66.000. Y eso en un escenario conservador, porque en otro más ambicioso estamos hablando de 98.000. Eso implica un ritmo anual de 4.000 a 8.000 megavatios a implantar. Solo en 2015 se instalaron 3.000 de los 11.000 actuales. Este es un sector que tiene un mercado difícil de cuestionar. Es un sector nuevo y, además, el mar tiene una ventaja, que es la de los límites de los equipos. En tierra, hablar de poco más de 3 MW es muy difícil, porque los equipos ocupan un volumen imposible de transportar por carretera y eso no existe en el mar.  Por eso, estos contratos que estamos haciendo en UTE con Navantia, el Wikinger y el Hywind son para máquinas de 5 MW, imposibles en tierra.

Pero hay otros proyectos...
Los próximos contratos que estamos esperando y que confío en que en pocas semanas se confirmen, son para máquinas de 7 MW. La UE ha dicho ya que la máquina de 20 MW, en la que solo el diámetro de las palas ocupa 240 metros, es posible. Los astilleros van a tener una oportunidad de una actividad y de un negocio absolutamente primordial.

¿Qué papel juega España?
En España ha habido un desarrollo muy grande de la eólica terrestre y hay del orden de 25.000 MW montados, que representa casi un 24 por ciento de la potencia eléctrica instalada en el país. Ahora se está en un proceso de ajuste, ya que ha sido uno de los primeros países que se han lanzado a la generación eólica. Windar tiene de hecho una participación del 37 por ciento en este sector y creo que a España, sin duda, la eólica marina llegará, aunque no estamos siendo los primeros, pero tampoco no siempre eso es una ventaja. Que nosotros estemos trabajando para otros países sitúa a nuestras industrias en una posición privilegiada.

El acuerdo con Navantia parece pues ir mucho más allá...
Windar es líder mundial en la fabricación de torres eólicas, con plantas en España, México e India. Nos metimos en el offshore hace ya cuatro años y esa experiencia es la que aprovechamos para constituir la UTE con Navantia porque la antigua Astano es una instalación privilegiada para esta actividad.

La apuesta es entonces firme.
Windar está dispuesto a que esta apuesta por Navantia sea una punta de lanza, aunque solo puedo hablar por Windar. La industria eólica marina no son solo los jackets pero hay más fabricaciones similares a estos como expectativa. Sobre las ofertas que hay en marcha, pronto se sabrá el resultado y repercutirán también en Ferrol. Nuestra actividad está ya repercutiendo en la zona, como por ejemplo con la pintura, que se hace aquí, y con las auxiliares. Estamos hablando de unos 800 empleos. Siempre se puede diversificar y hacer más cosas pero creo que ya se percibe una recuperación en la calle. Es muy importante estar ahí desde el principio.

“Las ofertas que hay en marcha repercutirán también en Ferrol”