“Cuando no se trata adecuadamente, el dolor se convierte en una enfermedad”

Unidad del Dolor en el Hospital Juan Cardona médico Carlos Fernández Ramos
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La Unidad de Dolor del Juan Cardona se abrió en febrero de 2010. La puesta en marcha de una especialidad de estas características ha supuesto ventajas para los pacientes que necesitan un profesional experto en el tratamiento del dolor. Carlos Fernández Ramos es el director de la Unidad de Dolor, que pertenece al departamento de anestesia, y trabaja con la enfermera de la unidad, Candela López.

¿Cómo llegan a esta unidad los pacientes, desde que áreas son derivados?
A la mayor parte los suele enviar el traumatólogo, ya que la patología que más solemos ver es la relacionada con dolores lumbares o por artrosis, pero también tratamos enfermedades que cursan con dolor como neuralgias de trigémino (dolores faciales), el neuropático de diabéticos o dolores postquirúrgicos.

¿Qué ha supuesto para estos pacientes contar con una unidad específica?
Antes contaban solo con la medicación del especialista de cada área, pero a veces los tratamientos no eran suficientes. Nosotros estamos acostumbrados a tratamientos y medicamentos opioides, técnicas intervencionistas para el dolor y tenemos armas, en este sentido,  que no dominan los demás compañeros.

Se trata de mejorar la calidad de vida de los pacientes...
El dolor es una enfermedad en sí. En la consulta establecemos unos criterios de calidad de vida y vemos hasta dónde podemos mejorarla. Tenemos pacientes crónicos que nos obligan a una limitación de duración de tratamientos pero lo más importante es establecer un vínculo con el paciente, ver qué necesita, hasta dónde podemos llegar y, en función de eso, elaboramos tratamientos desde solo medicación específica a técnicas invasivas e incluso muy complejas. Desde parches con morfina a electrodos modulares para controlar los dolores.

Si se considera una enfermedad, ¿tiene cura o no siempre es así?
Podemos llegar a curar pacientes, porque a veces es simplemente que está mal diagnosticado. Podemos neutralizar dolores, como el lumbar y llegar a hacer desaparecer una hernia. En algunos casos, como los pacientes crónicos, buscamos la calidad de vida y controlar el dolor y vamos realizando consultas y ajustando medicación.

¿Cuándo se debe acudir a una unidad de dolor?
Lo importante es que no se llegue tarde porque se perpetúa el dolor. Hay que saber que este se puede tratar y debe ser convenientemente tratado. A esta unidad un porcentaje de los pacientes viene cuando no han encontrado solución anterior, son los que ya llegan tarde y se cronifica el dolor (es decir, han pasado más de 6 meses). Así las cosas, cuando no se trata adecuadamente se transforma el propio dolor en enfermedad, se autoperpetúa y después es más difícil de tratar. Pero los médicos cuando ven un difícil control de los dolores ya los suelen remitir a esta unidad.

¿Se puede evitar tratando el dolor mayor número de ingresos o más tiempo de permanencia en un hospital?
Todavía es una asignatura pendiente la consecución del conocido como Hospital sin dolor. De hecho se está estudiando algo que tiene que ver con el dolor agudo, pero depende del servicio de anestesia. Es un proyecto complejo porque implica a todo el conjunto del centro y se trataría de tener un hospital sin dolor, desde el que paciente es operado, con protocolos de analgesia, responsables las 24 horas de que no se tengan dolor e incluso dar apoyo al servicio de urgencias y otros departamentos del hospital. Se está analizando y supondría un avance importante.

Mañana se conmemora el Día Internacional del Dolor, ¿qué se busca con esta celebración?
Es una efeméride que organiza IASP, en colaboración con la Sociedad Española del Dolor, de la que soy miembro. Este año se dedica al dolor visceral y se enfatiza sobre ese aspecto. Se trata de un dolor importante porque los pacientes son de difícil diagnóstico. Son, por ejemplo, de tipo oncológico, que afectan al hígado, riñón, pulmón, etc. incluso menstruales o de prostatitis crónicas, inflamaciones hepáticas o incluso de angina de pecho.
Se trata de un dolor interno y complicado de abordar, pero en las unidades de dolor podemos incluso colocar los neuroestimuladores para tratarlos. Cuando no se consigue controlar ese dolor, se coloca a los pacientes electrodos para interferir el dolor y mejorar el día a día de estas personas.

“Cuando no se trata adecuadamente, el dolor se convierte en una enfermedad”