“En Ferrolterra no existen los puntos negros”

Un accidente con un grave resultado en la AP-9, cerca de la salida de Megasa fotógrafo
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El Destacamento de Tráfico de la Guardia Civil de Ferrol presta servicio en más de 1.200 kilómetros de carreteras en vías principales, además de una red secundaria y terciaria importante, unos 1.800 kilómetros cuadrados de superficie, todo ello en 24 municipios íntegros, tres partidos judiciales y con un parque automovilístico que ronda los 145.000 vehículos.
Pese a ello, la comarca de Ferrolterra carece de puntos negros de acuerdo con la definición tradicional de la DGT, que se refiere a los tramos de 100 metros en los que durante un año se hayan producido, al menos, tres accidentes con resultado de muerte. Un concepto que, según explica el teniente Francisco Javier López Dopico, responsable del destacamento, ha ido evolucionando hacia el de “tramo de concentración de accidentes”, en el que se analizan otras variables.
Aunque considera que la red vial de Ferroltera es “buena, en general”, admite que la idiosincrasia de la zona –orográfica y poblacionalmente– supone siempre un reto para los encargados de mantener el orden en las carreteras. “Existen zonas, como la del Ortegal, en la que se combinan tramos de grandes rectas con otros curvos”, lo cual aumenta las posibilidades de perder el control del vehículo.
Lo cierto es que, de acuerdo con los datos de la DGT en los diez últimos años, existe una correlación entre el número de accidentes que se producen en las vías de la comarca y la longitud y el tráfico de las mismas, como es el caso de la N-651 o la AC-862, que registró 16 muertos en la última década.
Sin embargo, el teniente del destacamento de Ferrol, sí pone sobre la mesa, en base a su experiencia, que las vías de una sola calzada con dos carriles –uno en cada sentido– cuentan con unos límites de velocidad media “más altos de lo deseable”. El ejemplo más claro, cuenta, se da en la vía rápida VG-1.2 que con un volumen medio de tráfico tiene, proporcionalmente, una alta siniestralidad con resultados graves o fatales. “Es una vía en la que no hay muchos accidentes, pero cuando hay uno nos echamos a temblar, porque probablemente se haya producido a la velocidad reglamentaria, que puede ser hasta 100 o 110 kilómetros por hora”, relata el teniente.

controles y radares
Y es que, aunque suene a frase hecha, a Francisco López Dopico su experiencia le ha demostrado que el cóctel de velocidad y alcohol –o drogas más recientemente– resulta fatal en la mayoría de los casos. Aunque opina que se va “ganando en concienciación”, también cree que falta mucho trabajo por hacer.
Esa es, entre otras muchas, una de las labores que desempeña la agrupación de tráfico de la Guardia Civil de Ferrol, para lo que cuenta con personal para la atención al ciudadano, 15 especialistas en investigación de accidentes y delitos relacionados con la seguridad vial, 23 motoristas encargados de la vigilancia
diaria de las carreteras, cuatro especialistas en el control de transporte terrestre y siete en control de velocidad, además de tres suboficiales y ocho cabos jefes de grupo y encargados de la dirección de los servicios. Un equipo humano, reconoce, sin el que sería imposible prestar un servicio de calidad “a nuestra Ferrolterra”.
Es consciente de la percepción que muchos conductores tienen de los controles y de los radares cuando afirma que “mucha gente solo se queda con la parte sancionadora”, pero explica con cierta didáctica que “este es el único medio que puede utilizar una sociedad democrática mientras existan conductores que no estén concienciados con los peligros de la velocidad, el consumo de sustancias o la combinación de ambas”.
Sobre este asunto, declara conocer el origen ferrolano de una de las aplicaciones sociales más utilizadas por los usuarios para eludir los controles de alcoholemia, Social Drive. Alaba su función como avisador para retenciones, alertas meteorológicas o incidencias en el tráfico –algo de lo que también se precian sus creadores–, pero no así la “falsa solidaridad” que supone “alertar de un control de alcoholemia a aquellos a los que no se les debería de alertar o quizá a alguien que acaba de cometer un delito más grave”. Insiste en que “decirle a alguien que conduce bajo los efectos del alcohol por dónde no debe ir, no parece la finalidad social más loable”.
Su objetivo desde que llegó al cargo hace más de dos años, sostiene, es el reducir la siniestralidad; conseguir la tasa cero en fallecidos en carretera y a la vez prestar un buen servicio público, donde el ciudadano de Ferrolterra sea el beneficiario último, “transmitiendo esa sensación de ayuda a los usuarios a través de una atención permanente en las oficinas”.

“En Ferrolterra no existen los puntos negros”