El repentino cierre perimetral se cebó con el sector de las floristerías

Las floristerías vieron reducida su actividad en la época de mayor venta | j.m.
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Muchas familias se quedaron sin visitar a sus muertos tras el anuncio el día 31 de octubre de un cierre perimetral que impedía salir del entorno de los concellos de Ferrol, Fene, Neda y Narón. Se aconsejaba asimismo no acudir en esas fechas concretas al cementerio o hacerlo con horarios o medidas estrictas. Fue una decisión sin previo aviso y que cogió de sorpresa a los ciudadanos pero que, a  nivel económico, tuvo repercusiones en muchos sectores, especialmente en uno que vive en esas fechas la campaña más grande del año, el de las floristerías.

Por eso, un colectivo de floristas de estos municipios no han querido dejar pasar este hecho, denunciando la falta de previsión, que les ha llegado con mercancía, toda ella perecedera, comprada y mucha encargada, que nunca se recogió. Las pérdidas, como explica Patricia Serantes, de la floristería La Ilusión, han sido muy altas en un sector que ha renunciado ya desde el inicio de la pandemia a todas sus campañas, del día del padre, de la madre, sin Semana Santa y sin bodas, sus fuentes de ingresos.

Hoy dejarán constancia de esa “defunción” del sector, con un acto simbólico ante el Concello ferrolano. 

Las flores se llevarán a la puerta del Palacio Municipal y en el registro municipal, entregarán un escrito pidiendo ayudas y criticando una falta de previsión que ha acabado con sus ingresos.

El documento se llevará también al registro del edificio administrativo de la Xunta, que fue quien decretó el cierre de forma abrupta, sin  previsión.

Aunque aclaran en el escrito que de ningún modo quieren parecer insolidarios, recuerdan que cuando se decretó el confinamiento ya se toparon con sus cámaras llenas de flores para el día del padre, afrontando cuantiosas pérdidas. Aquello fue el principio de una situación agravada por cancelaciones de eventos y fiestas, además de celebraciones como la Semana Santa, que suponen el grueso de su facturación.

La apuesta que habían hecho por la festividad del 1 de noviembre, Difuntos y Todos los Santos  se tradujo en un aluvión de encargos, con duras jornadas de trabajo, contratación de personal adicional, pedidos a proveedores, etc. Las medidas restrictivas ya existentes entonces hicieron, además, como señala el colectivo, que pusieran en marcha mecanismos como pedidos vía telefónica o dobles puntos de atención para compra-encargo y recogida.

El colectivo deja de manifiesto que planificaron todo para hacer frente a esas fechas, cuando, por el contrario, esa previsión no se tuvo en cuenta por parte de las administraciones, que cerraron de la noche a la mañana una zona, sin valorar los daños.

Además, la inmediatez de la medida hizo que los clientes reclamasen sus pedidos antes de tiempo, con precipitación y urgencia “desatendiendo las normas de entrega, a la que siguió una oleada de  cancelaciones dada la limitación de movimiento”, explican. Lejos de hundirse, el colectivo ideó métodos como entrega a pie de nicho, entre otras propuestas, que también les ocasionaron gastos. 

Los floristas afirman que si la información se facilitase una semana antes, hubiese evitado esas grandes pérdidas “ya que sus ordenantes, nuestros clientes, hubieran tenido tiempo de desplazarse a sus localidades de origen y ofrendar a sus seres queridos por sí mismos o ajustar nosotros el suministro de mercancía”

Por todo esto, esperan, como así lo hacen constar en el escrito, que ahora se articulen mecanismos “que nos permitan salvar de la ruina nuestros negocios, estamos abiertos a todo tipo de instrumento que nos ayude a paliar los daños; subvención de las pérdidas en su totalidad o en parte, bonificaciones fiscales (reducción de impuestos de bienes inmuebles, bonificación del IAE, …), inclusión del colectivo en los planes de ayuda que se están gestando, etc.”.

El repentino cierre perimetral se cebó con el sector de las floristerías