Un deportista sin igual

WTS Edmonton Men Elite September 6, 2015 ©2015 Rich Cruse \ ITU
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El oro olímpico, precisamente el que perseguirá en agosto en los Juegos de Río y por el que ha renunciado este año a disputar el título de las Series Mundiales, es el único galardón que falta en el palmarés de un Javier Gómez Noya (Basilea, 25 de marzo de 1983) para el que el Premio Princesa de Asturias supone el reconocimiento a más de veinte años de carrera deportiva al más alto nivel. Dos décadas en las que sus vitrinas se han ido llenando con todos los trofeos inimaginables; dos décadas en las que se ha convertido en el único triatleta con cinco títulos mundiales –2008, 2010, 2013, 2014 y 2015 – y cuatro europeos –2007, 2009, 2012 y 2016– a sus espaldas; dos décadas en las que se ha ganado el aprecio y respeto de un país que deportivamente orbita en torno al fútbol pero, sobre todo, dos décadas en las que cada uno de sus triunfos ha sido la constatación de su ánimo infatigable.
Porque si bien las condiciones innatas de Gómez Noya resultan incuestionables, los que conocen bien a este super deportista ensalzan especialmente su tesón para superar cualquier contratiempo, su capacidad para trabajar impasible al desaliento.
La piscina de Caranza, que lleva su nombre, le vio dar sus primeras brazadas. Tenía once años y lejos de jugar al fútbol, al baloncesto o al fútbol sala como muchos de sus amigos, el joven, nacido en Basilea pero criado en Ferrol desde los tres meses, decidió que lo suyo era la natación. José Rioseco, entrenador en el Natación Ferrol, fue el primero en ver el potencial de un diamante en bruto que estrenó su palmarés con varios títulos autonómicos en categorías inferiores.
A cubierto, en invierno; en mar abierto, en verano, Gómez Noya devoraba largos y pruebas, pero la preparación se le quedaba corta y, casi de casualidad, como un complemento a su trabajo habitual, probó una disciplina poco conocida por aquel entonces en la comarca. Con quince años y sin preparación específica sobre la bicicleta y en carrera a pie, en 1998 hizo su primer triatlón olímpico en Castropol. Fue amor a primera vista. El resultado –segundo en categoría juvenil–, pero sobre todo las sensaciones que tuvo en carrera, lo convencieron de que precisamente eso era lo que quería hacer el resto de su vida.
Y por ello apostó a pesar de que la Federación Española y el Consejo Superior de Deporte convirtieron la cardiopatía aórtica congénica que padece en un arma contra él.
En dos ocasiones –primero entre 2000 y 2003 y después durante unos meses entre 2005 y 2006– le retiraron la licencia para participar en competiciones internacionales poniendo a prueba su ánimo inquebrantable. Fueron años difíciles en los que su familia, sus amigos de toda la vida y los estamentos deportivos autonómicos fueron sus principales valedores. Los títulos domésticos y los éxitos cosechados en el circuito privado France Irontour hicieron que no desfalleciese a pesar de que arrojar la toalla parecía lo más fácil.
El caso de Gómez Noya acabó por dividir a la comunidad médica. Frente al planteamiento de la doctora del CSD, Araceli Boraíta, el cardiólogo pontevedrés Nicolás Bayón y su colega William Mckenna, del prestigioso hospital londinense Saint George, se alinearon en la causa del departamental quien, bajo su responsabilidad, en febrero de 2006 y tras meses de litigio y gestiones recuperó su licencia y tuvo vía libre para centrarse plenamente en una carrera que retomó de forma meteórica .

Juegos Olímpicos
Como todo deportista de elite que se precie, los Juegos Olímpicos han sido un auténtico “leitmotiv” en la carrera de un Gómez Noya al que la idea le rondó la cabeza por primera vez en 2004, durante ese paréntesis en el veto federativo. El buen nivel exhibido en las competiciones internacionales a las que acudía y la octava posición en el Mundial y Europeo lo postularon como candidato al equipo nacional para Atenas. Méritos tenía más que suficientes, pero una controvertida decisión técnica lo apartó de la cita olímpica.
Con varios títulos mundiales y europeos ya a sus espaldas y consagrado ya a nivel internacional, el ferrolano se presentó en 2008 en Pekín como el gran candidato al oro. Objetivo del que, en este caso, lo apartaron unos inoportunos problemas estomacales. Entonces fue cuarto, pero cuatro años después se desquitó con la plata en los Juegos de Londres.
Ahora, Río de Janeiro espera, más como una deuda histórica que como una obligación, para redondear la carrera del mejor triatleta de todos los tiempos.

Un deportista sin igual