Una semana en estado de alarma

Coronavirus Hospital arquitecto Marcide CHUF
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Empezó el martes 10 de marzo con la noticia de un posible positivo, un residente en la comarca que trabajaba en un hospital de A Coruña. Al día siguiente se confirmó el análisis y Mugardos anunció las primeras medidas restrictivas, al tiempo que se daba a conocer otro caso sospechoso en As Pontes que el jueves 12 también se confirmó, con la consiguiente cascada de decisiones que fueron adoptando los municipios de Ferrolterra, la Xunta y el Estado. El viernes 13 los colegios vacíos auguraban lo que se venía encima y el fin de semana pasado los vecinos se aprovisionaban, incrédulos, de víveres. Todavía entonces podías estar por la tarde en la peluquería como si la vida fuese a seguir igual. El lunes 16 comenzó el estado de alarma.

De la negación a la aceptación, pasando por el enfado, la culpabilización del otro, el miedo, la tristeza, la negociación de las condiciones en las que salir (esto sí lo puedo hacer, esto no está incluido en la norma...). La semana ha ido asomándonos a la realidad que vivían desde hacía días otros territorios al tiempo que aumentaban los positivos. El coronavirus está aquí. El lunes había seis confirmados tratados desde el área sanitaria y dos ingresos. Las cifras oficiales de ayer eran de 26 positivos, once ingresos y, de ellos, tres personas en la UCI. Y va a haber más. Y no todos se pueden explicar echándole la culpa “al que viene de...” para ver si así lo alejamos de nuestra realidad.

En estos días se han vaciado las calles, los buses, el transporte. Han cerrado tiendas, y las que abren toman precauciones máximas. Hemos redescubierto qué trabajos nos van a salvar la vida, y están a pie de calle. Los gobiernos locales montan dispositivos, reuniones de emergencia, buscan formas de llegar a los ancianos solos, a las personas que no tienen recursos, a quienes no pueden salir a la calle. La congoja colectiva ha activado al máximo la solidaridad. 

Las policías intentan que no hagamos trampas y nos portemos bien. El festivo del 19 fue la prueba de fuego. La ciudad era un escenario postapocalíptico. Hay excepciones, pero la cuarentena se cumple. Se ha desplegado también el Tercio del Norte y la Unidad Militar de Emergencias fumiga sitios tan sensibles como las residencias de ancianos, en donde se les intenta explicar qué está pasando y se los entretiene y anima en un esfuerzo por superar un día más que se repite en todos los centros con internos (menores, discapacitados, hospitales).

Y cada tarde, una esperanza. El momento de salir a hacer ruido a las ocho para aplaudir, para gritar, saludar y desahogarse. Los bomberos de Ferrol fueron ayer al Marcide a hacer sonar allí sus sirenas. Los barcos del Arsenal hicieron lo mismo para dar ánimos en la ría y para agradecer el esfuerzo colectivo, el de los que se quedan y el de los que trabajan. 

Esta semana fueron las Pepitas. El miércoles 18 la consigna era salir a cantar “Nas ondas do mar” y “Ferrol, Ferrol”. El eco resonó por toda la ciudad, en vivo y en los móviles. También lo hizo la cacerolada contra la monarquía una hora después. Hay una frase que destaca entre el “cómo estás” y el “ten cuidado”: Quédate en casa.

Una semana en estado de alarma