Una vida entre tableros

Raul Seoane Castilla ajedrez
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Desde hace más de una década, el Círculo Ferrolá de Xadrez, en colaboración con el Concello departamental, desarrolla un programa para fomentar esta disciplina en los centros educativos de la ciudad. La iniciativa, que se despliega en los dos últimos cursos de educación infantil y en los tres primeros de primaria, permite que cada año más de mil escolares profundicen una vez a la semana durante su horario lectivo en esta disciplina. 
Este proyecto para llevar el ajedrez a las aulas, habitual en otras partes de Europa e, incluso, de España, pero del que Ferrol fue pionera en el contexto gallego está avalado por estudios que constatan el beneficio que la práctica de este deporte acarrea en el desarrollo intelectual de los niños. Pero, además, en el plano estrictamente deportivo comienzan a verse también sus frutos. Dos de los “hijos” de ese programa, Alfonso López y Raúl Seoane, se acaban de proclamar campeones del Circuito Gallego Escolar, prueba que han dominado prácticamente de principio a fin en sus respectivas categorías. 
López fue el mejor de los ajedrecistas gallegos en el combativo grupo para menores de 14 años. El joven, alumno del Saturnino Montojo e integrante del Grupo Bazán, no necesitó más que participar en quince de las veinte pruebas del calendario para certificar su título. No es para menos. En las que sí tomó parte nunca se bajó del podio, con un magnífico registro de diez victorias, cuatro segundas posiciones y una tercera plaza.
Raúl Seoane, del Isaac Peral y miembro del Círculo Ferrolán de Xadrez, se embolsó también una decena de triunfos en un circuito en el que ya había participado el año pasado pero que ahora, con un año más de experiencia, resultó mucho más satisfactorio. A pesar de no llegar a los ocho años, tanto él como Alfonso López –que está cerca de los catorce– llevan desde los cinco jugando regularmente y eso, además de media vida, para deportistas cuyo calendario de competición se extiende durante prácticamente todas las semanas del año, equivale a jugar muchísimas partidas –cerca de doscientas– al año. 
Tanto es así que, en un deporte en el que la destreza eclipsa al físico o la edad, ambos están acostumbrados a medirse –y ganar– a adversarios mucho más mayores, que no dejan de sorprenderse de la pericia de ambos  ante el tablero. Y no son los únicos porque, afortunadamente, la comarca cuenta actualmente con una nutrida nómina de jóvenes jugadores, entre ellos David, hermano del propio Raúl o Diego López González y Andrés Vázquez, estos dos últimos del Grupo Bazán. Todos ellos siguen la estela marcada por Inés Prado y Miguel Picos o, con anterioridad, ajedrecistas ya contrastados como Tone Pazo o Rodrigo Cubero, precisamente entrenadores de Alfonso y Raúl, respectivamente.

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