Hugo Piñón | “Es tanto lo que recibimos al ayudar a gente que lo necesita que compensa todo esfuerzo realizado”

El gallego comparte toda su experiencia en su instagram @hugao_7 | D. Alexandre
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Muchos definen el actual trabajo de Hugo como el mejor del mundo. Este gallego, natural de Valdoviño, ha sido seleccionado entre 45.000 candidatos para participar en el “World Life Experience 2017”, una iniciativa que le permite durante un año recorrer el mundo pasando diez días en cada país, colaborando activamente en proyectos sociales con todos los gastos pagados y cobrando un salario bastante decente para los tiempos que corren –2.500 euros mensuales–.
Sin embargo, el valdoviñés se declara viajero empedernido y ya antes había dejado un trabajo estable en Google Polonia para recorrerse ese país.

¿Qué motivos le llevaron a lanzarse a esta aventura que, según sus propias palabras, inicialmente le parecía un fraude?
Estaba trabajando en HP Polonia y lo había dejado. Me había comprado una furgo y regresaba a Galicia con calma por Europa, parando a visitar a mis amigos. Yo ya estaba en el proceso de selección de este proyecto pero, al haber tantos candidatos, nunca creí que me fuesen a coger y cuando estaba en Mónaco me llamaron. De todas formas, si hubiese estado trabajando en ese momento también lo hubiera dejado.

¿Qué le resultó más difícil a la hora de presentar su candidatura?
En general, el proceso no me resultó complicado sino más bien largo. Primero están los tests de personalidad que hay que responder de manera sincera. En mi opinión, si respondes lo que crees que ellos esperan no serás tú mismo y no puedes pasarte un año viajando fingiendo ser una persona que no eres. El secreto radica en contestar honestamente y esperar que los valores implícitos en las respuestas sean adecuados para el proyecto. La prueba de inglés tampoco es muy complicada, pero ya hay que pensar más las respuestas.

¿La experiencia vital acumulada, es decir el haber viajado tanto y vivido en tantos países, le ayudó a la hora de resultar seleccionado para esta aventura?
Puede ser. Eso, junto con las dotes comunicativas, es muy importante. En mi grupo todos hablamos al menos dos idiomas. Al poder comunicarnos con las personas a las que ayudamos en su idioma se establece una relación más cercana. Supongo que también ayudó mi experiencia laboral, por haber trabajado siempre en el mundo audiovisual. El proyecto necesita mucha repercusión mediática y saber comunicar de la mejor manera posible para que la gente pueda ver nuestro trabajo por sí misma.

Antes de esta experiencia, ¿había colaborado activamente con alguna ONG o proyecto de voluntariado?
Con pequeñas ONG y, además hice una beca europea de servicio de voluntariado en Córcega. Allí estaba muy centrado en potenciar el conocimiento de la Unión Europea y abrir la cultura de la isla, que es muy bonita pero también un poco tradicionalista.

¿Qué tiene de diferente “World Life Experience” con respecto a otros proyectos solidarios?
Yo creo que una de las diferencias principales, que es buena y mala a la vez, es que no estamos demasiado tiempo con la misma ONG. Es bueno porque no tienes tiempo a cansarte de lo que haces, las temáticas varían, y malo porque sería necesario un compromiso más prolongado. De todos modos notas que te implicas muchísimo. Cuando trabajas con gente que realmente tiene necesidades, falta de cariño o vive cierto tipo de exclusión social, notas un cariño de vuelta hacia ti que es inmenso, lleves el tiempo que lleves. Eso es lo que me llena de este proyecto.

¿No resulta agotador el ritmo con que se desarrolla la experiencia?
Sí, pero a mí es una clase de agotamiento que me encanta. Me da vida, me infunden energía estos cambios, disfruto empapándome totalmente de todo lo que me rodea. Estamos viajando constantemente y eso es muy bonito, pero no son viajes de placer. Realizamos trabajos de todo tipo, a veces muy físicos y a la intemperie. Además libramos dos días de cada diez. Sin embargo, es tanto lo que recibimos al ayudar a gente que lo necesita que compensa todo esfuerzo realizado.

¿Ha logrado dar un nuevo sentido a su vida o llenar un vacío que no sabía que existía, objetivo con el que se “vende” el proyecto?
La vida te cambia, pero yo creo que con cualquier cosa que hagas. No creo que sea una premisa con lo que se nos venda el proyecto, pero lo que pretende como leit motiv –el acercamiento humano y social– lo consigue. Hace que tu percepción de la vida cambie, compruebas que lo material no es tan importante como creías, porque nosotros tenemos de todo pero el mundo real es el que tiene tanta gente con necesidades básicas sin cubrir. Nosotros trabajamos para intentar aportar nuestro granito de arena supliendo esas carencias.

¿Cuál ha sido el proyecto que le ha dejado una huella más profunda?
Granada, no hizo falta ir muy lejos. Allí, trabajamos con CES, Fundación Escuela de la solidaridad, es una comunidad que funciona, se respeta, donde hay gente que fue adicta a las drogas, al alcohol, mujeres maltratadas, exconvictos, etc. Es un claro ejemplo de cómo la gente, llevada de una buena manera, puede reconducir su vida, aportando algo bueno y colaborando con los demás.

¿Hay algún país del que tuviera una visión preconcebida que haya cambiado tras visitarlo?
Sí. Vietnam me lo imaginaba muy pacífico, tranquilo, muy meditativo, pero los siete días de voluntariado que pasamos en Hanói fueron muy estresantes. Todo es ruido, aglomeraciones de gente, no te puedes sentar en ningún sitio, por la calle el ritmo es incesante.

¿No resulta asfixiante tener que compartir las 24 horas del día con otras personas?
Si tuviera que destacar algo negativo de la convivencia con mis compañeros sería la falta de intimidad. Yo llegué a mi casa ahora en junio y esa fue la primera noche que pude dormir solo en varios meses. Y hay personas a las que eso les resultaría insoportable, pero formamos un equipo muy unido y no sería lo mismo que tener que pasar las 24 horas del día con una sola persona, es decir, entre diez se establecen relaciones más diversas.

¿Tuvo algún tipo de traba gubernamental en alguno de los países visitados?
En general, las autoridades siempre nos recibieron cordialmente. Colaboramos con ONG que están trabajando no contra el gobierno, sino debido a las carencias del mismo. Sin embargo, hemos tenido que cancelar algunos proyectos porque la empresa no quiere exponernos a ningún tipo de riesgos. En Guatemala hubo una erupción volcánica y se produjeron muchas revueltas populares por el descontento acerca de cómo el gobierno estaba gestionando el desastre. Lo mismo pasó en Río de Janeiro, donde la situación es tan inestable que la organización, ante la duda, decidió cancelarlo.

¿Qué balance haría de esta experiencia solidaria?
Muy positivo. Sentimos que estamos siendo útiles, prestando nuestra ayuda a gente que realmente lo necesita. Al mismo tiempo aumenta nuestra empatía, haciéndonos más tolerantes, menos materialistas y enseñándonos a valorar lo que realmente importa en la vida. En definitiva, nos ayuda a ser mejores personas.

¿Cuáles son sus planes al terminar el “World Life Experience”? Llevo unos años con deseos de volver a Galicia y quedarme una buena temporada. Espero poder conseguirlo esta vez.

¿Animaría a otras personas a participar en esta aventura?
Sí, pero ha de ser gente con conciencia social y a la que le guste mucho viajar. l

Hugo Piñón | “Es tanto lo que recibimos al ayudar a gente que lo necesita que compensa todo esfuerzo realizado”