La pasión por la bicicleta llevada a un nivel supremo

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Más allá del circuito profesional, el ciclismo amateur está jalonado de pruebas emblemáticas entre las que la clásica París-Brest-París ocupa, por lo colosal de las cifras que maneja, un lugar prioritario. Mil doscientos kilómetros –seiscientos de ida y otros tantos de vuelta entre la capital francesa y la ciudad normanda–, 90 horas para recorrerlos y un ingente pelotón internacional hacen de la cita gala un codiciado destino para los amantes de la bicicleta.  

Un desafío deportivo que Carlos García, un ciclista amateur de Narahío afincado en Narón, ha tenido la fortuna de completar hace apenas una semana. Con un registro de 76 horas y 39 minutos el ciclista enrolado en las filas del Vara e Pedal de Narón zanjó su concurso en la decimonovena edición de esta prueba, cuyo origen se remonta a 1891 y que actualmente se celebra con una periodicidad de cuatro años. 

Un evento que congregó durante varias jornadas a más de 6.500 ciclistas que rondaron las carreteras del centro-oeste del país en recorrido sin descansos. Para hacerse una idea de las dimensiones del reto basta explicar que en su primera etapa de actividad, Carlos García recorrió prácticamente del tirón, con paradas mínimas para comer, más de 780 kilómetros, lo que supone nada más y nada menos que cuarenta horas sobre la bicicleta. “A primeira noite non durmín nada, so cinco minutos

despois da cea. A partir de aí si que descansei algo, pero nunca máis de dúas horas”, explica.
Resulta evidente que para una prueba de estas características se requiere una notable preparación física. Carlos García lleva años practicando ciclismo, pero no fue hasta hace apenas unos meses cuando, junto con otros dos integrantes del Vara y Pedal que finalmente no pudieron acompañarlo en París, comenzó a preparar en serio esta cita de larga distancia. 

Preparación
El Audax Club Parisien, promotor de la París-Brest-París, exige que los aspirantes acrediten con anterioridad su participación en varias “brevets”, pruebas de larga distancia. En Galicia, uno de los clubes homologados para atestiguar este requerimiento es el Riazor, con el que García encaró varias competiciones de 200, 300, 400 y 600 kilómetros. Fue el mejor rodaje para lo que se le avecinaba. 

Pero, más allá de las piernas, para finalizar una competición como esta prima la resistencia mental. De hecho, el de Ferrolterra advierte que “nunca tiven sensación de agotamento extremo. Faise longo a partir do kilómetro 700, porque as pernas se resinten. Pero como é unha zona cha, a velocidade é alta e os kilómetros avanzan rápido, así que por moi cansado que estés, as pernas sempre dan feito. O que conta é a cabeza, que é a que ten que aguantar”. 

Carlos García partió a las cinco de la mañana del lunes 19 de este mes del castillo medieval de Rambouillet, en las inmediaciones de París. Lo hizo asignado a un grupo de tres ciclistas del que solo él fue capaz de completar la ruta. Sus otros compañeros se quedaron por el camino, pero no fue la soledad uno de sus enemigos: “É difícil que te atopes so. Sempre hai alguén. Aínda que é difícil comunicarte polo idioma, deixei moitos amigos alí”.

Lo que realmente complicó su recorrido fue, sin duda, el frío. Aunque las previsiones manejaban mínimas nocturnas por encima de los once grados, alguna de las noches el termómetro bajó hasta los cinco. “Eso si que te castiga, porque non íamos preparados para elo. Non podías parar baixo ningún concepto, porque podías conxelar”, rememora. De hecho, uno de esos compañeros de partida dejó la carrera víctima de una hipotermia.

Retos
Llegar a París antes incluso de lo previsto fue una de las mejores experiencias que ha vivido sobre una bicicleta. Y aunque muchos lo pensasen de él antes de iniciar la carrera, no se considera un loco: “A xente que non ama este deporte sei que non o entende. Pero aos compañeiros, que si lles gusta a bici, claro que o fan e desexarían ser eles”, razona cuando rememora una experiencia que califica como “moi positiva” de la que, además de la gente que conoció, con el paso de los días se queda “coa forma en que se vive alí o ciclismo. Chegabamos a avituallamentos que era como chegar á meta, con todos aplaudindo, os nenos chocando as mans... Sínteste un profesional. A xente é moi boa cos ciclistas e hai moitos detalles cos que me quedarei para sempre”. 

Tanto es así que no duda que repetirá en París. Mientras tanto, toca rodar en casa, disfrutar del ciclismo a pie de asfalto, siendo testigo de cómo aquí, en Galicia, este deporte, salvando las distancias, goza también de buena salud. “De dez anos para aquí, repuntou. Entrénase moito... pero todavía non hay moita cultura de ciclismo en non se respeta demasiado ó ciclista”, lamenta. 

García piensa ya en otros retos y no duda en ponerle nombre al próximo: los 1.400 kilómetros de la Londres-Edimburgo, que tendrá lugar en el 2021.

La pasión por la bicicleta llevada a un nivel supremo