“Entre la emigración y el papel de la mujer, Galicia está muy presente en mi obra”

Elvira Menendez
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Aunque se fue con solo 13 años, Ferrol marcó la vida de la escritora y actriz Elvira Menéndez, una ciudad a la que regresa muy de vez en cuando y que ve “un poco tristona, pero tampoco más que otras ciudades de España”. Está aquí para presentar hoy a las 20.00 horas su nueva novela, “El corazón de la selva” (Planeta), en el Casino Ferrolano, en un acto organizado por la Central Librera. Su nueva apuesta es una continuación libérrima pero rigurosa de la exitosa “El corazón del océano”, novela adaptada a la televisión y emitida recientemente por Antena 3.    

¿“El corazón de la selva” es la segunda parte de “El corazón del océano”?
No exactamente. La mayoría de los protagonistas están aquí pero quise hacer otra historia con ellos, ya asentados en plena América y con otras tramas más libres para fabular, aunque el contexto histórico y social ha tratado de ser lo más respetuoso y veraz para entender cómo vivían entonces, en pleno siglo XVI, aquella gente.

¿Qué se van a encontrar los lectores?
Una trama entre Asunción, Buenos Aires, la selva, Potosí y El Dorado. Varias historias entrelazadas en el tiempo, entre los años 50 y 80 del siglo XVI, que he tratado de que sean trepidantes y tengan mucho ritmo. Un crítico me ha dicho que comenzó a leerla y tuvo que terminar las 500 páginas, fue un elogio.

Tanto en su novela anterior como en esta ha indagado en aspectos poco conocidos de la historia de España.
Tenemos un tesoro y lo ignoramos. La gente conoce mejor la historia de los Tudor que nuestra relación con América, que es fascinante. Nos tocó a nosotros ir allí, y en algunas cosas fue tremendo porque hubo mucho clasismo, pero menos racismo que en otros conquistadores. A diferencia de los ingleses, los españoles nos mezclamos con ellos, y eso trajo consecuencias. Lo más evidente en la lengua, pero también en la cocina, las patatas, pimientos, tomates, maíz, etc. ¡Hablan de la cocina mediterránea cuando deberían hacerlo de la americana!

Tanto en eso como en sus escritos usted reivindica el papel de la mujer.
Volviendo a la gastronomía, ¿quién trajo esos productos? Las mujeres, igual que ellas fueron quienes enseñaron la lengua a los pueblos de allí. En la India hablan inglés, pero sus lenguas maternas no son el inglés, en América sí es el español. El papel de la mujer fue enorme porque el hombre estaba guerreando y buscando tesoros, pero la vida doméstica era de las mujeres. Y en esto veo cómo Galicia está muy presente en mi obra, porque aquí la emigración hizo que esto fuese un matriarcado, que la mujer ordenase la casa y las tierras. En América queda claro que la situación de la mujer era de mayor libertad cuando Europa estaba muy anquilosada. Aquí era todo la honra, casi siempre centrada en las piernas de las mujeres porque luego daba igual robar o no trabajar, mientras allí esos prejuicios desaparecían.

¿Tuvo que leer muchos libros para documentarse?
Un montón durante dos años, sobre todo para tratar de mostrar cómo hablaban (tenía a mano un diccionario de germanías, por ejemplo), dar sensación de veracidad y ambientar lo mejor posible la narración. La verdad es que acabé un poco cansada pero aprendí un montón de cosas.  

¿Qué fue lo que más le sorpredió?
Iba a centrar la narración en El Dorado, pero al final lo hice en Potosí, una ciudad alucinante. En veinte años tenía la población de Sevilla, con la mayor concentración de riqueza del mundo para gente que en España no tenía nada. Allí había teatros, casas de conversaciónes y una ostentación de nuevos ricos brutal. También una dureza tremenda en los que trabajaban las minas.

¿Cuál es su referencia a la hora de escribir?
No ha sido tanto de autores concretos como de un estilo que tratase de no aburrir al lector. Recuerdo ver películas en cineforums en los 60 y 70 que me aburrían y me gustaban más otras del oeste. Al final estas últimas son las que han quedado. Leí un libro sobre los juegos de tablaje, y me quedaba una escena muy erudita, pero cortaba el ritmo de la narración, así que pasó de diez páginas a una.

¿Qué le parece la adaptación de Antena 3 de “El corazón del océano?
Les estoy agradecida meterse en un proyecto así en estos tiempos difíciles. Viéndolo por el lado postivo, intentaron hacer ficción con la historia de España, y ese objetivo me vale, aunque Pontedeume y Galicia desaparecieron, desgraciadamente.

¿Le ha aportado algo su experiencia como escritora infantil?
A un niño no puedes decirle que lo aburrido tiene prestigio y hay que aguantarlo, porque te lo tira a la cabeza. Buscar la amenidad es el objetivo, otra cosa es cómo lo hagas.

¿Qué recuerda de su trabajo como actriz en “La bola de cristal” de TVE?
Que fue un intento maravilloso de hacer programas infantiles inteligentes. Yo ya había trabajado con Lolo Rico, la directora, que me vió en los Estudio 1 de teatro en TVE cuando pensaba que yo era solo guionista y adaptadora, que lo era. De allí hicimos “La cometa blanca” a comienzos de los 80 y luego “La bola de cristal”. Había mucha energía y ganas de hacer cosas con calidad.

“Entre la emigración y el papel de la mujer, Galicia está muy presente en mi obra”