El PPdeG logra aguantar la embestida del PSdeG y las mareas se hunden en Galicia

GRAF8978. LUGO, 26/05/2019.- El candidato del PP a la alcald..a de Lugo, Ram..n Carballo (2i), a su llegada a la sede de los populares en la capital gallega tras conocerse los resultados de las elecciones celebradas hoy Domingo. EFE / Eliseo Trigo.
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Con el descalabro popular de las elecciones generales del 28-A a la vista y la perspectiva de las autonómicas el próximo año, el PPdeG se enfrentaba en las municipales a una dura reválida. En los comicios estatales el PSdeG consiguió, por primera vez, hacerse con la victoria en tierras gallegas –pese a que, en relación al resto del país, los populares de Galicia fueron de los que mejor aguantaron el declive conservador, que desde el partido vincularon a la irrupción de partidos en el ámbito de la derecha, como Ciudadanos y Vox–, pero en estas municipales, finalmente, el PPdeG, que dirige Alberto Núñez Feijóo, consiguió mantener el tipo ante la embestida de los socialistas. 

En unas elecciones en las que se incrementó la participación del 66,02% al 67,78% con respecto a 2015, y pese a perder un par de puntos porcentuales de apoyo general, el PP consiguió volver a situarse a la cabeza en respaldo ciudadano en el total de la comunidad, donde además se hizo con 131 mayorías (33,35% de los votos totales), por las 66 del PSOE (32,77% de los sufragios), con el 99,46% escrutado, por las 149-48  (35,73%-23,23%) de las últimas municipales. Sin embargo, los pactos de los partidos de la izquierda dejarán sin muchos gobiernos municipales a los populares, en beneficio, en su gran parte, de los socialistas, que recuperan bastiones tan importantes como las ciudades de A Coruña y Santiago y poner a tiro otras como Ourense o Ferrol.


Y es que el PSdeG, arropado y empujado por el buen resultado conseguido por Pedro Sánchez en lel 28 de abril, se aupó en Galicia hasta conseguir “sorpasar”, incluso, al PP en la provincia de Pontevedra. En este caso, el “arrase” de Abel Caballero en la ciudad de Vigo también ayudó a que los socialistas gallegas besaran las mieles del triunfo provinciales, que también les sitúan en la mejor de las posiciones para mantener la Diputación.
Con todo, los populares gallegos también sufrieron la pérdida feudos históricos, como ocurrió en las generales con la autonomía. Uno de los más significativos fue el de Vilalba, lugar de nacimiento de Manuel Fraga. El PP perdió la mayoría absoluta, al pasar de nueve ediles a siete, mientras que el PSOE subió de seis a ocho, que sumados a los dos de Vilalba Aberta abren la puerta a que Elba Veleiro sea la alcaldesa. 


En 1983, al igual que en 1987, en Vilalba ganó Alianza Popular, partido que dos años después fue refundado con la marca actual de los populares. A partir de 1991, la derecha ostentó la alcaldía en este municipio, capital de la comarca de la Terra Chá, ya con el PP. En la última legislatura fue alcalde Agustín Baamonde, que volvió a ponerse al frente del Ayuntamiento vilalbés después de dejar su escaño en el Parlamento gallego en 2016. Tras la caída de votos al PP en Vilalba en 2015, los populares tenían sus esperanzas puestas en la candidatura de Baamonde, que, sin embargo, no logró retener la mayoría absoluta.


En el lado contrario, el PP recupera bastiones que se le habían escapado, como es el caso de Lalín, que volverá a estar en manos populares tras la legislatura de pactos encabezada por Rafa Cuíña y Compromiso por Lalín. Las buenas noticias también llegaron desde ciudades como Pontevedra o Lugo, donde el PP incrementó su representación, aunque sin conseguir la ansiada mayoría absoluta para gobernar.


Mientras, el PSOE también sufría el embiste de las escisiones, de forma más relajada. Así, el exlíder del PSdeG Pachi Vázquez consiguió diez ediles en su estreno con Espazo Común y el díscolo Manuel Martínez se hizo con la Alcaldía de Becerreá para su nuevo partido, Galicia Sempre.

Crisis en la confluencia
Aún así, los grandes perdedores de estas elecciones locales fueron, sin duda, las mareas municipalistas. Divididas, encuadradas en diferentes partidos e incluso presentándose como rivales, el movimiento ciudadanos que hace cuatro años llegó arrasando a Galicia para situarse al frente de ayuntamientos y para apoyar a las formaciones de izquierda como llaves de gobierno, se diluyeron en esta convocatoria hasta el punto de perder la práctica totalidad de sus alcaldías –Cambre, Sada o Mondariz pueden convertirse en las honrosas excepciones– y caer en apoyo general. 

Una situación que repite la derrota de las generales de En Marea y Podemos, separados en siglas y que con distintas candidaturas no lograron revalidar su presencia en el Congreso, y que sitúa en una débil posición al actual portavoz de En Marea, Luís Villares, pero que también es un más que serio toque de atención a Podemos y a las mareas municipalistas que hace cuatro años pusieron la unión ciudadana –bajo el lema de la unidad popular– como marco de crecimiento y que comprobaron ayer que sin esta base se pierden en el mapa político gallego. l

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