"No hay mejor persona que un sumiller para decirte lo que es un vino"

sumiller Jorge Rodríguez González
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Una nariz ferrolana se abre camino entre los sumilleres más prestigiosos del país. Jorge Rodríguez González vive un sueño desde que fue seleccionado con una beca (junto con otros 15 alumnos de toda España) para cursar la formación de sumillería en la escuela hotel Bellamar, en Marbella, aprendiendo de los mejores. Esta semana, de vuelta a la ciudad por motivos familiares, conocía que el enólogo Paco del Castillo (“el mejor experto en análisis sensorial de toda España”, comenta Jorge) había calificado con un diez la carta de vinos que creó inspirándose en el arroaz (delfín) y la también Nariz de Oro de Andalucía Francisca Clarines se lo comunicaba entusiasmada via WhatsApp.
“Desde que empecé, el 5 de noviembre, he catado 650 vinos. No falté ni un solo día a clase, valoro muchísimo esta oportunidad tan grande”, apunta Jorge Rodríguez mientras desgrana una formación integral que además de vinos que se solicitan a las denominaciones de origen de todo el país (dando a conocer, de paso, los mejores caldos gallegos) y a zonas vinícolas internacionales, incluye otros productos selectos como los quesos, los aceites o los cafés. De todo ello puede hablar con profusión, mientras mezcla en la conversación sus experiencias profesionales en Galicia (en Casa Sindo, en el Gran Hotel de A Toxa, en el Thalasso Cantábrico Las Sirenas, en Viveiro, donde trabajaba como segundo maître antes de irse a Marbella, su curso con Luis Paadín y sus sensaciones en Portugal...), en Francia (en La Baleine Bleue de Saint Martin de Re, próximo a Burdeos), en Inglaterra o en Madrid. Empezó formádose en hostelería en Pontedeume, durante cinco años, y cuando concluyó sus estudios tuvo claro que quería abrirse al mundo y tener experiencias profesionales e idiomas que lo ayudaran en una progresión y aprendizaje continuos. Fue en Madrid, en donde trabajó en varios hoteles, cuando se topó con sumilleres que despertaron una pasión que no lo ha abandonado desde entonces.
“Un sumiller sobre todo está para transmitir la transparencia de un producto como el vino. Debe tener humildad, porque todos los días estamos aprendiendo y en evolución, y pasión para saber transmitir lo que la gente desconoce”, explica. “Con lo que sé, te cojo de la mano y te enseño el mundo del vino. Es como mirar a ras del agua y ver un mundo. No hay mejor persona que un sumiller para enseñarte lo que es un vino, para decirte la verdad. El sumiller te va a contar lo que es el viñedo, cómo trabajan, la tipicidad... Los clientes merecen saber más porque lo están pagando”.
Lo que a él le gusta son los proyectos que, a semejanza de lo que sucede en los viñedos franceses, cuidan al máximo un proceso que hace única cada cosecha. “La gran mayoría de los bodegueros están esclavizados a hacer lo que les pide el mercado, pero lo que yo valoro es la tradición real dentro de la matriz de la calidad. Se trata de cuidar al máximo bajas producciones para buscar la calidad. Valoro mucho la tipicidad, que el vino sepa y dé gritos diciendo de dónde procede. Es el cénit que puede alcanzar un producto”.
Cuando Jorge Rodríguez acabe las horas prácticas de su módulo espera hacerse un hueco en Marbella (“allí valoran mucho mi perfil”) pero a largo plazo sueña con abrir su propio restaurante. Son planes que cambian sobre la marcha porque “no me quiero quedar quieto”.

"No hay mejor persona que un sumiller para decirte lo que es un vino"