Un trotamundos del baloncesto que por fin regresa a casa

jesãºs castro –en primer tã©rmino–, durante un entrenamiento con el leyma natura
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A partir de los treinta, las temporadas comienzan a contar hacia atrás. Jesús Castro (Eibar, 1983), no sabe si le resta una o cinco campañas en la elite, pero no quería dejar el baloncesto sin jugar al menos un año cerca de casa. Por eso, la cercanía de su casa, de Ferrol, contribuyó a de–sequilibrar la balanza a la hora de decantarse por aceptar la propuesta del Leyma Basquet Coruña, con el que militará, una campaña más, en la LEB Oro.
“A pesar de que había tres equipos en Galicia, hasta ahora nunca había cuajado la posibilidad de acercarme a casa. Esta es la primera vez que tenía una oferta que me gustaba, un proyecto interesante”, explica el alero quien, casado con una almeriense, asume que cuando abandone el baloncesto se asentará en tierras andaluzas y, por ello, “no quería acabar mi carrera sin jugar al menos un año en casa y disfrutar de mi familia y mis amigos”.
La crisis ha golpeado fuerte al mundo del baloncesto, por eso, Jesús Castro se siente, en el fondo, un privilegiado por poder jugar, una temporada más, en LEB Oro. Para ello, ha tenido que hacer algunas concesiones –“el sueldo ha bajado mucho, el de todos, y el mío también es bajo”, apunta–, y sopesar otros aspectos al margen del económico pues, “si hubiese esperado podría haber aparecido otro equipo con más dinero, pero la oferta de Coruña me pareció correcta y el resto de factores acabó de convencerme”.
Y, entre ellos, un proyecto deportivo en el que resarcirse del mal trago del último ejercicio en Melilla, una experiencia que “deportiva –el equipo norteafricano, a pesar de tener miras mucho más elevadas– y extradeportivamente salió muy mal”. Ahora, tras unas “vacaciones muy largas”, ha regresado “con energía renovada, con la intención de sentirme bien, de darlo todo en la pista y de aportar el máximo a un proyecto en el que confío”.
Castro regresa a Galicia y, aunque aspire a seguir jugando algún año más al baloncesto, para él es casi como “cerrar un ciclo” desde que abandonó el San Rosendo, escuadra en la que se formó, para, todavía en categoría junior, militar en el Peleteiro.  Granada, Algeciras, Burgos en dos etapas, Palencia, Almería, Los Barrios, Melilla y, ahora, recalar en A Coruña. “Han sido unos años increíbles, los mejores y los peores momentos pero, en general, estoy supercontento con la decisión que tomé. Gracias al baloncesto tengo lo más importante de mi vida, que son mi mujer y mi hija”, confiesa el jugador del Leyma Basquet Coruña. n

Un trotamundos del baloncesto que por fin regresa a casa