Una familia en torno a un balón

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En el día a día de los Cotovad Gómez es difícil desligar el baloncesto de la rutina familiar. Lo del balón viene de serie en un hogar en el que Carlos, el padre, lleva más de treinta años vinculado directamente al mundo de la canasta en todas sus facetas; Esther, la madre, empezó de muy niña a practicar una disciplina que ha retomado de nuevo pasados los cuarenta; y Lucía, la hija, apunta ya maneras con un balón en las manos a pesar de no tener más que diez años.  
Es cierto que otras muchas familias comparten afición, pero es difícil encontrar a una que lo haga con este grado de implicación y entrega, además, a un mismo club. Y es que la extensa carrera de unos y la incipiente actividad de la benjamina de la familia han convergido en el seno del Baloncesto Base Costa Ártabra, cuya camiseta visten los tres esta campaña.
Para Carlos Cotovad, la de jugador no es más que una faceta más de su vida vinculada al baloncesto y a este club de reciente creación en el que, además de vestirse de corto con el equipo de Primera Nacional ejerce de director deportivo y de entrenador de una de las formaciones de base. Un “pluriempleo” que le da muchas satisfacciones pero también quebraderos de cabeza, porque “separar las funciones es complicado, sobre todo cuando tienes que tomar decisiones”, reconoce el padre de familia.
Él, en la que se encuentra más cómodo es en su faceta como jugador. Tras pasar por el Salesianos de Vigo, Tirso de Molina, Santiago Apóstol y San Rosendo, tuvo que dejar de forma precipitada la práctica del baloncesto como consecuencia de una grave dolencia en la espalda. Con 31 años, en la temporada 03/04, de la mano de Esther Muñiz, que entonces dirigía al equipo, se reencontró con el baloncesto en el Recimil... y hasta ahora. “Cuando volví nunca pensé que estaría jugando tanto tiempo”, un tiempo extra que tiene que agradecer a la propia Muñiz, por su confianza y empecinamiento para que regresase, pero también a su mujer, Esther Gómez, “que me ayudó a ponerme a punto”.
El pasado año, el antiguo CDR Ferrol unió sinergias con el Costa Ártabra en un proyecto encaminado a contribuir a que el baloncesto recupere el esplendor de antaño en la ciudad. Precisamente, su mujer ha colaborado activamente en poder culminar uno de las iniciativas en las que el club tenía un interés especial, la creación de un equipo sénior femenino.  
A pesar de haber abandonado el baloncesto activo hace más de una década, Esther Gómez no dudó en volver a calzarse las botas para sumar su experiencia a un equipo plagado de jóvenes jugadoras. Una escuadra que en su debut en Segunda se postula como candidato al ascenso. No es una experiencia nueva para Gómez que, hace más de dos décadas, ya formó parte del primer equipo del Universitario Ferrol en la fundación de esta entidad.
Ahora las cosas han cambiado mucho y, aunque ni su edad ni su rol son el mismo, lo que no varía es la ilusión y las ganas que le ha puesto a la iniciativa.
Aunque su padre reconoce que siempre tuvo libertad para elegir, no es de extrañar que después de vivir desde que nació en un entorno en el que el baloncesto tiene tanta importancia, Lucía, la benjamina de la familia, se decantase desde bien pequeña por este deporte, en el que dio sus primeros pasos en la Escuela Ricardo Aldrey. 
Si para cualquier familia es de por sí complicado a veces organizar la agenda semanal con las actividades extraescolares de los más pequeños de la casa, en este caso la dificultad se multiplica por tres y Cotovad reconoce que más del noventa por ciento del ocio familiar está ligado al baloncesto. Y es precisamente por eso,  para no “saturarse” más de lo necesario, que, curiosamente, tratan de evitar a toda costa hablar de esta disciplina en casa, “para no hacerlo tan monótono”, algo que no siempre es fácil de conseguir.

Una familia en torno a un balón