Cuando el trabajo marca diferencias

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 Trabajo, esfuerzo, dedicación, orgulo... eran las palabras que poblaban el discurso de Lino López instantes después de que el Universitario dijese adiós a sus opciones de ascenso; y siguen siendo el hilo conductor de su discurso cuando, ya en frío, repasa la temporada de su equipo. Un sentimiento común que comparten todos los que han vivido de cerca la temporada de la entidad departamental. “A las jugadoras se les ha hecho corta, me decían que les gustaría seguir jugando y entrenando”, confiesa el preparador, “y eso dice mucho de ellas y del trabajo hecho este año”.
Una temporada que comenzó mucho antes del primer entrenamiento. Una campaña que comenzó a fraguarse el pasado verano cuando el técnico y el presidente de la entidad, Leopoldo Ibáñez, comenzaron a confeccionar la plantilla. Ese terrible momento que se repite anualmente cuando las cuentas no dan y uno comienza a asumir que los planteamientos no pueden ser tan ambiciosos como le gustarían. El club optó por prescindir de jugadoras contrastadas y puso sus ojos en otras con potencial a las que solo “les podíamos ofrecer calidad de trabajo, mucho volumen de entrenamiento para  mejorar técnica y tácticamente a nivel individual, un preparador físico como Álex de la Vega, dedicado exclusivamente al equipo...”. El gancho fue bueno, porque muchas de las jugadoras que finalmente se comprometieron con el Universitario lo hicieron anteponiendo estos valores a mejores ofertas económicas.
También es cierto que la apuesta del club fue arriesgada pues, además de su juventud –la mayor, Lucía Méndez, tenía 25 años–, todas tenían en común que no habían tenido demasiado protagonismo ni minutos en sus equipos anteriores. Perder de treinta en pretemporada ante el el Air Europa, uno de los equipos del Grupo B, no parecía alentador. Sin embargo, Lino López confiesa que “aunque a mí me gusta ir día a día, ver lo que hacían las jugadoras me hacía ser optimista. El grupo entendió muy pronto que aquí no había una estrella en la que centrarse, que cada una de ellas y el equipo eran lo importante”. Y esa fue la primera clave que el preparador apunta a la hora de explicar el éxito de su equipo: “El trabajo y la dedicación de todas ellas que, al final, fue lo que marcó la diferencia”. Y ahí, solo tiene palabras de agradecimiento a su preparador físico y segundo, Álex de la Vega, en quien encontró el complemento perfecto. “Le ha dedicado miles de horas a esto. Su trabajo es impagable”.

Grupo
Trabajo, dedicación, pero también un grupo humano sólido y satisfecho, “una piña” que justifica desde su concepto de entrenador: “No me gusta ser un dictador y estar siempre gritando. Quiero que entiendan lo que quiero de ellas, que lo asuman y que se sientan cómodas”, y lo cierto es que parece haberlo logrado, porque el grado de compromiso de la plantilla sería imposible de alcanzar si no estuviesen a gusto “dentro y fuera de la cancha”. Porque, tal y como reivindica Lino López, “también hay que agradecer el esfuerzo del club y del presidente, Leopoldo Ibáñez, sin el que creo que el baloncesto femenino en Ferrol no existiría a este nivel. El club funciona de forma ejemplar y se desvive por facilitarle las cosas a las jugadoras”.
Esas mismas limitaciones económicas que año a año maneja el club son las que propician que, habitualmente, el final de cada temporada suponga también el final de un ciclo y una renovación profunda de la plantilla. “En su día, fichamos jugadoras que no eran tan interesantes como otras, pero que se han revalorizado”, explica el preparador, “ojalá se pudiese mantener el bloque, pero lo veo difícil”.
Él mismo todavía no sabe qué va a suceder con su futuro. Ahora toca disfrutar de su familia, de su mujer y de su hija recién nacida, –“a las que tengo que agradecerle su apoyo, porque les he robado muchas horas últimamente”–. No ha hablado con el club, pero tiene claro que le gustaría seguir creciendo en su seno. Asimismo asegura que, vistos los resultados, también repetiría el planteamiento, “porque la dedicación y los resultados están ahí”. De hecho, es por eso por lo que, puestos a elegir, no duda en, de las dos temporadas y media en el Universitario, quedarse con esta: “Y por eso me da más pena que no hayamos conseguido el ascenso, porque sé el grado de implicación que tenían todos”.

Cuando el trabajo marca diferencias