“Lo de este país es una desgracia, es como si le hubiesen arrancado el alma”

jaime marí, de 83 años, llegó a galicia con 60 y aprendió gallego de forma autodidacta jorge meis
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Detrás de los Encontros coa Galeguidade que esta semana dieron comienzo en la Residencia Mixta de Personas Mayores de Caranza hay un nombre propio, curiosamente el de un catalán, Jaime Marí Lloreda (Barcelona, 1930). Actor de teatro profesional y galleguista vocacional, decidió aprovechar las biografías en las que trabajó durante los últimos años, desde Rosalía de Castro a Celso Emilio Ferreiro, para acercar a sus compañeros de la residencia –en la que vive desde hace ocho meses– la vida y obra de personajes ilustres. De la lectura de las biografías –que el propio Marí publicó como artículos en su momento en Diario de Pontevedra– se encarga otro residente, Jesús Matesanz. El, por su parte, recita poemas de Curros, Celso Emilio Ferreiro, Cabanillas y otros destacados nombres de la literatura gallega –llegó a ser secretario de la Fundación Alexandre Bóveda– para deleite del resto de internos.

¿Cómo se pasa de ser actor de teatro en Barcelona y Madrid –es autor incluso de una comedia cómica: “Agapito se divorcia”– a ejercer de galleguista?
Yo fui actor durante muchos años, pero creo que aquella etapa fue solo una preparación para esto que hago ahora. El actor es fatuo, pedante, porque tiene que serlo y, aparte de valer, se ve obligado a tragar con muchas cosas. Mi mujer –Pastora Mejías Peña, hija de la también actriz Pastora Peña y del matador de toros Pepe Bienvenida– era también muy buena actriz, pero no trabajaba porque no se avenía a cualquier cosa. Así que cuando, con 60 años, heredé de mis padres, nos planteamos dejar el teatro. Pastora –que ya falleció– me dio a escoger entre las tierras de sus dos abuelas, Andalucía o Galicia, y yo escogí Galicia, porque por mentalidad me encuentro más próximo a los gallegos.

Y empezó una nueva vida.
Sí, en Poio.  Estudié lengua gallega de manera autodidacta y entre 1992 y 1995 recité en colegios de EGB, Casas de Cultura, Ateneos, etc. de toda Galicia una antología de la poesía gallega. Escribí  las conferencias “Cen anos de galeguismo” y “Alexandre Bóveda, mártir de Galiza” que pronuncié en institutos , y una “Historia de Galicia” –que quise firmar con mi nombre en catalán, Jaume Marí para destacar mi imparcialidad– subvencionada y distribuida por el Concello de Poio entre centros de secundaria de todo el país.

Supongo que nada tiene que ver declamar ante el público en un teatro y hacerlo en un instituto o en una residencia de mayores, como ahora.
Yo fui primer actor en el teatro Valle Inclán y te puedo decir que me llena mucho más recitar unos poemas en un instituto y ver cómo los alumnos se emocionan y cómo la profesora, al finalizar “Adiós ríos, adiós fontes”, me pide si me puede dar un abrazo mientras le caen las lágrimas; eso no se paga con dinero. Yo he hecho toda mi vida lo que he querido y volvería a hacerlo mil veces porque fui muy feliz. Tras la muerte de mi mujer me encerré en mi piso de Poio y sufrí una gran depresión. No salía, no quería comer... El alcalde, que es muy amigo mío, me dijo que así no podía seguir y, al final, vine a esta residencia donde vuelvo a hacer lo que quería. Tenía miedo de que me fallaran las fuerzas, de que no fuese capaz de hacer unos recitales tan largos, pero he visto que sí que puedo y, al contrario, esto me rejuvenece.

¿Qué ha encontrado en Galicia?
Yo no tengo ningún mérito. Me enamoré de este país. Además, me acojo a la definición de Castelao: “galego é todo aquel que leva a Galicia no corazón”.

Y como catalán ¿qué opina de las aspiraciones independentistas tan de actualidad?
Yo quiero a Cataluña, si no sería un renegado. Estoy entre dos patrias, la de nacimiento y la de corazón. A mí lo que me gustaría es lo que querían los galleguistas, un estado federal, y creo que si a los catalanes les propusieran una república federal quizás les convenciera.  No quiero significarme mucho en este tema, pero creo que si un país mayoritariamentequiere ser independiente tiene derecho a su futuro.

Ese sentimiento nacionalista no parece tan arraigado, en cambio, en Galicia.
Es una desgracia. A este pueblo es como si le hubieran arrancado el alma. Todo viene de cuando sustituyeron a los frades galegos por los frailes castellanos y se empezó a decir que hablar gallego estaba mal y a intentar imitar a los que se consideraba superiores. No existe concepto de nación, ni de patria, ni de bandera, es como una especie de tribu. Pero a mí me gusta finalizar mis recitales en la residencia de mayores con el Himno Galego, no por hacer política, yo ya aclaro que el himno es de todos, y me emociona ver cómo se ponen en pie para escucharlo. Eso me hace feliz.

“Lo de este país es una desgracia, es como si le hubiesen arrancado el alma”