Emocionado adiós a Rosalía Mera en el cementerio de Liáns

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Rosalía Mera ya descansa en el cementerio de Liáns (Santa Cruz) y probablemente ahora también podrá hacerlo su hija, en su casa, alejada de los medios de comunicación y de todos aquellos que quisieron mostrarle su agradecimiento por la labor que desarrolló su madre.

Aunque hasta ahora Sandra Ortega se había mostrado fuerte en público ayer no pudo evitar derrumbarse al ver salir el féretro de su madre del coche fúnebre. Agarrada a sus tías, pero esta vez sin sus hijos, siguió al ataúd hacia el cementerio, en el que, como se esperaba, no se celebró funeral, sino únicamente un acto sencillo cargado de emotividad de la mano de los músicos de Luar na Lubre, que ya en el concierto de María Pita le habían dedicado una canción a la fallecida.

La despedida se adelantó al horario previsto. El primero en llegar, además de algunos vecinos del entorno, fue el exalcalde de Arteixo Manuel Pose, que conoce bien a la familia por la ubicación de Inditex en el polígono de Sabón. El que es presidente de la carpintería metálica Alumán destacó como Rosalía Mera fue quien de compatibilizar su negocio con la capacidad de “brindar axuda a calquera que o necesitase” e incluso crear una fundación de cooperación.  

Al poco tiempo, en torno a las diez y veinte –el entierro estaba previsto para las once– llegaba ya Amancio Ortega, exmarido de la fallecida. Lo hacía arropado por toda la familia Cebrián de la que no se separó en toda la ceremonia: su sobrina, Dolores Ortega, su marido, Juan Carlos Rodríguez Cebrián, que fue director general de Inditex, y el hijo de ambos. Apartados de las cámaras esperaron a que se celebrase el sepelio.

Mientras, llegaban concejales del ayuntamiento coruñés y alcaldes del área como el de Arteixo y el de Oleiros, en donde vivía Mera. También acudió el presidente de la Diputación, Diego Calvo.

Entre los rostros conocidos estaba el actual presidente del grupo textil, Pablo Isla, además del vicepresidente de la Fundación Paideia, Guillermo Vergara.

silencio y música

La bajada del coche fúnebre del féretro, sin crucifijo ni otro elemento religioso, se hizo en absoluto silencio, que solo se vio interrumpido por el sonido de las gaitas al avanzar hacia el camposanto. Sonaba el himno del Antiguo Reino de Galicia, tema que también se escuchó al final de la ceremonia.

El párroco destacó “conciencia social” y la “coherencia” de Mera con sus principios, “aunque no fueran políticamente correctos”. Los cinco minutos de responso terminaron con el rezo de un padrenuestro, en bajo, casi en un susurro del centenar de personas allí congregadas. A lo lejos, las cámaras y los periodistas eran testigos de cómo se daba sepultura al personaje público en el que se había convertido la empresaria y filántropa en los últimos años, mientras su familia y amigos daban el adiós a su madre, hermana, tía... escuchando una sencilla versión a violín del tema “Piensa en mí”, que popularizó la cantante Luz Casal, también presente en la parroquia. Su hija, Sandra Ortega, le ofreció una sencilla rosa en el sepulcro.

flores

Aunque, según el párroco, la benefactora pidió un entierro sencillo y sin flores, el camposanto estaba lleno de decenas de ramos y coronas tanto de particulares como de empresas y, sobre todo, de colectivos a los que había ayudado: desde la ONG ECOS do Sur hasta colegios públicos como el de la Sagrada Familia o el Ramón de Artaza y ANPA. Entre las grandes empresas se veía a Repsol, R o Softeck. Algunas coronas incluso llegaron de Bilbao, como la de la agrupación Mujer S. XXI. Pero solo un centro descansaba sobre la lápida: “De todo tu equipo de Paideia, Trébore y ROSP”, entidades que ahora quedan huérfanas. n

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