Un paso más hacia la meta

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Si la salud de cualquier club se valora en función de su masa social y sus éxitos deportivos, la del Triatlón Ferrol puede catalogarse como inmejorable. Con 150 deportistas en su recientemente bautizada escuela Gómez Noya, después de batir récord de participación en pruebas nacionales de base y con varios de sus integrantes codeándose con la elite internacional en competiciones de primer nivel, la entidad que preside Cali Formoso vive un momento dulce. Disfruta del éxito que supone contar con triatletas como las hermanas Alonso, Tamara Gómez o Miriam Casillas –estas dos últimas en plena lucha por ganarse una plaza para Río’16–, y mira al futuro con el optimismo de ver despuntar a otras como la pontevedresa Carmen Gómez, las ferrolanas Inés Santiago y Sara Guerrero, todas junior, o la cadete Ana Carvajal, que recientemente han participado en una concentración promovida por la Federación Española de Triatlón en Mar de Pulpí. 
Todas están bajo la lupa de los técnicos federativos pero, además, Santiago, Guerrero y Gómez lo hacen desde hace unos meses becadas en el Centro de Alto Rendimiento del Consejo Superior de Deportes, en Madrid. Un cambio cualitativo a nivel deportivo, pero también personal, para tres jóvenes deportistas que, en palabras de la propia Inés Santiago, han “subido un escalón” respecto a su etapa formativa anterior.
Dar el salto juntas facilitó una transición que esperaban más dura de lo que realmente ha sido. “Yo, personalmente, me sentía insegura por si iba a poder aguantar el ritmo, que es muy superior al que estábamos haciendo”, relata la propia Santiago, “pero una vez que estás aquí, vas poco a poco y te  das cuenta de que no estabas tan mal”. 
Ni su vida ni sus entrenamientos tienen mucho que ver con su etapa en el Centro de Tecnificación de Pontevedra pues, “aunque estás acostumbrada a la disciplina de vivir en una residencia”, insiste la joven, en Madrid todo está enfocado a sacar el máximo rendimiento a sus horas de trabajo, “a mejorar la vida del deportista”. “En Pontevedra entrenábamos menos”, asegura su compañera Sara Guerrero, “pero eran sesiones más duras”. Aquí trabajas mucho, pero se hace más llevadero”.
En su adaptación, ambas coinciden que ha sido determinante el hecho de haber sido muy bien acogidas tanto por sus compañeros –conforman un grupo de más de veinte deportistas– como por el equipo de técnicos. 
Estar lejos de la familia es uno de los grandes hándicaps en su nueva vida en la que, además, las exigencias académicas se han multiplicado para ellas al iniciar sus estudios universitarios: Sara Guerrero, en la especialidad de Ingeniería Biomédica; Inés Santiago, en Dirección y Administración de Empresa. Ambas son realistas y reconocen que compaginar estos con la actividad deportiva no es sencillo, pero se hace más fácil al vivir en un entorno en el que “todos –los internos– estamos en la misma situación, así que nos entendemos, ayudamos y facilitamos las cosas”, apunta Santiago.

Un paso más hacia la meta