El agresor suicida de O Castrillón tenía una orden de alejamiento de su exmujer

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El hombre de 57 años que se precipitó el jueves desde un piso de  O Castrillón tras agredir con un cuchillo a su exmujer, contaba con un amplio historial de malos tratos familiares, según fuentes de la Policía Nacional, y pesaba sobre él una orden de alejamiento. Los vecinos corroboran que en más de un ocasión se habían oído grito en la vivienda del número 181 de la avenida de los Caídos, a pesar de que no era su hogar, sino el lugar de trabajo de la mujer, que cuidaba a un hombre de noventa años, y que ya no eran pareja. El jueves a las nueve y media de la noche, el hombre, J.S.M., decidió agredirla, cuchillo en mano, pero la oportuna intervención de un vecino frustró sus planes, y la víctima, de unos 50 años, solo sufrió cortes superficiales.  

El vecino en cuestión, un hombre de 39 años, vive en el piso de al lado, y había subido con ella en el ascensor. “Me encontré con la chica en la entrada. La casualidad quiso que la salvara porque “yo estaba cargando cosas y en vez de irse, me esperó”, recuerda. En un principio, ni siquiera la reconoció, aunque la víctima lleva un tiempo trabajando para su vecino, pero cuando los dos iban al cuarto, así que salieron al descansillo y cada uno se situó delante de su puerta. Ella entró, cerró, y entonces, comenzó todo. 

“Lo primero que dijo fue: ‘Antonio, Antonio’ (el nombre del jubilado), y yo pensé que le había pasado algo. Luego oí: ‘¿Qué le hiciste a Antonio?’. Entendí que había alguien más, una tercera persona”, continúa el testigo. Pero estaba seguro de que no podía tratarse del uno de los hijos del jubilado, que vive con él, porque se va a trabajar a las nueve. Además, oyó como la mujer se quejaba. “Decía ‘Ay, ay, ay’ así que comencé a aporrear la puerta y dije ‘Abre o llamo a la Policía’”, explica. Pero nadie abrió la puerta, así que la golpeó más fuerte. Ante tanto alboroto, que se transmitía por todo el edificio a través del patio interior, comenzaron a acudir más vecinos.  “Se empezaron a oír golpes y algún grito y estuvimos intentado entrar por la puerta, pero se resistía. Le dije a otra vecina que llamara a la Policía”, continúa. 

“La policía llegó muy rápido, pero para mí fueron horas, aunque no creo que fueran más que cinco minutos. Luego, todo fue un visto y no visto”. Hasta entonces, no habían podido entrar en el domicilio, pero cuando la Policía llamó, alguien les abrió la puerta. El testigo supone que fue la mujer, liberada por su exmarido. Su recuerdo es confuso: “Era una lluvia de gritos y golpes, todo lleno de sangre ¡Horrible! La mujer sangraba mucho, le chorreaba por el cuello y la cara”. Pero el vecino añade que no era una gran hemorragia. Se tapaba con un trapo en el cuello, y los servicios de emergencia decían que era superficial.

Su agresor, mientras tanto, había retrocedido hasta la ventana. Todo fue muy rápido: “Dijeron ¡Que se tira, que se tira! y se tiró”. En la cama encontraron al jubilado, totalmente ileso, pero atado y amordazado. Fue el testigo el que buscó a la Policía un cuchillo en la cocina para liberarle de sus ataduras.

El agresor suicida de O Castrillón tenía una orden de alejamiento de su exmujer