Reportaje | Historias de emigración que sirven como nexo de unión entre jóvenes y mayores

Un momento de la sesión llevada a cabo ayer en el Espazo +60 de Afundación en Ferrol | jorge meis
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“O seu pasado é moi interesante e importante para as nosas xeracións”. “Non deixen nunca de compartir as súas historias con tanta ledicia”. Estas son algunas de las conclusiones que ayer plasmaron en el cuestionario de evaluación los alumnos de tercero de ESO del IES Saturnino Montojo que participaron en la segunda fase del programa de Afundación “Fálame da emigración”.

Los jóvenes, de 14 y 15 años, mantuvieron un encuentro con voluntarios del Espazo +60 que vivieron procesos de migración, organizados en grupos de 8 alumnos y un mayor, para compartir las historias que les contaron sus familiares que vivieron también en el exilio. “Este proyecto sirve también para establecer relaciones con la familia porque hablan con sus abuelos...”, comenta la directora del Espazo +60, Conchi Martínez, al tiempo que calificó la iniciativa como “muy enriquecedora y agradable” para ambas partes.

Martínez destacó también la implicación del profesorado en el proyecto –es el tercer año que el Saturnino Montojo participa en la iniciativa–, ya que trabajan con anterioridad en el aula el tema. En un primer encuentro, los mayores acudieron al centro educativo para contarles a los alumnos sus experiencias con la emigración –“todas ellas positivas”, asegura Conchi Martínez– y en el encuentro de ayer fueron los jóvenes los que resolvieron dudas y hablaron de sus familias.

“Casualmente, este año había dos niñas emigrantes, una de Chile y otra de China, y ves cómo hay conexión entre jóvenes y mayores y que los sentimientos y razones no cambian”, explicó la directora del Espazo +60 de Ferrol.
Por su parte, los mayores salen “encantados y rejuvenecidos” después de tener contacto con los alumnos, ya que les encanta contar sus vivencias y que los jóvenes les escuchen con atención y muestren interés y curiosidad por aprender del pasado.

El IES Sofía Casanova es el otro habitual a “Fálame da emigración”, pero este año todavía no se ha programado la iniciativa con este centro.

Historias de vida
Una de las colaboradoras en la iniciativa de ayer fue Esther Benilde, emigrada a Argentina en los 50 y más tarde a Londres (en 1970) donde conoció a quien sería su marido, un vecino de Lousada que, casualmente, había ido a la misma escuela que ella. A finales de 1983, el matrimonio decidió volver a Galicia.


Juan Filgueiras decidió irse a Ginebra en 1960 y consiguió empleo en una fábrica de relojes. Pasados unos meses, la empresa cerró y la dirección le solicitó que pilotase él mismo la clausura para emplearlo en otro lugar. Filgueiras estableció una relación epistolar con una chica de su pueblo y, en 1964 regresó a España para casarse con ella y volvieron a Suiza, pero, al no acabar de integrarse, ambos decidieron volver cuatro años más tarde. En 1971, Juan Filgueiras decidió marcharse a Inglaterra pero, tres meses después, regresó a Ferrol y se incorporó a Bazán.

Otro de los que contaron su historia a los alumnos del Saturnino Montojo fue Andrés Gallego, quien en 1963 decidió poner rumbo a Australia con su mujer e hija de cinco años en barco desde Vigo, realizando una travesía que duró 26 días. Aunque le gustaba su vida allí, Gallego decidió volver al fallecer su hija, primero, y poco después, su mujer.
María Ángel Milagros Pernas, Mili, se estrenó ayer en “Fálame da emigración”. Su padre regentaba una tintorería en Pontedeume que dejó de funcionar, pues la pérdida de vestir de luto hizo que la gente dejase de teñir la ropa, por lo que decidieron emigrar a Francia cuando Mili tenía 10 años. En 1973 ella y sus hermanas vinieron a España y sus padres al año siguiente, entrando su padre a trabajar en Bazán.

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