La plaza de Armas pudo llevar la firma de un premio nacional de Arquitectura

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Ferrol pudo haber tenido a lo largo del tiempo muchas infraestructuras de las que carece, en gran parte por los vaivenes políticos, que nunca han permitido que se alcanzase un acuerdo generalizado a la hora de poner en marcha algún proyecto de ciudad.
La plaza de Armas podría llevar ahora la firma de un premio nacional de Arquitectura que cuenta con nada menos que dos de estos galardones en su haber, el prestigioso arquitecto Manuel Gallego Jorreto.
El arquitecto de O Carballiño, al que le acaba de ser concedido el premio Nacional 2018, es autor de proyectos como el Museo de Bellas Artes de A Coruña (Premio Nacional de Arquitectura 1997), Monte Pío el Museo de las Peregrinaciones de Santiago pero también fue quien diseñó en su día cómo debería, a su juicio, actuarse en la controvertida plaza de Armas de Ferrol.
Fue a finales de los años 90 cuando Gallego Jorreto redactó para el Concello ferrolano un anteproyecto en el que se prescindía de los bajos comerciales –cerraron ya sus puertas hace diez años– y se planteaba una plaza que recordaba el aspecto original de la misma. Apostaba el premiado arquitecto por un espacio diáfano, sin estatuas ni nada parecido en superficie, aunque con árboles en las zonas limítrofes de la cuadrícula.
Eso sí, con un aparcamiento subterráneo, por el que se apostaba entonces, con varias plantas y con accesos directos desde la plaza, de modo que no se usasen las rampas de acceso por parte de los peatones, tal y como venía sucediendo hasta el cierre de las instalaciones en septiembre del pasado año.
Esa plaza inexistente de Gallego Jorreto ha venido planeando en la mente de los gobiernos en los últimos mandatos y nunca se ha querido abandonar del todo, dada la calidad del proyectista, que recibió su primer premio Nacional de Arquitectura en el año 97 y que ahora ha vuelto a ser merecedor de este galardón.
Cuando más cerca estuvo, además de en el momento en el que se hizo ese encargo a Gallego Jorreto, fue en el mandato de Vicente Irisarri, cuando se anunció que se retomaría ese anteproyecto y se “modernizaría” actualizando al momento de entonces –año 2008–. Se respetaría, además, el “balcón” de la plaza, que, similar a la plaza de Amboage, planteaba en su día Gallego Jorreto y se llegó a asegurar, incluso, que el propio arquitecto estaría dispuesto a realizar el proyecto.
Los problemas en el bipartito PSOE-EU –este último no apostaba por el rescate inmediato del parking para ejecutar las obras– y con el PP –que quería ampliar las plazas de 320 a 400– hicieron que los procedimientos se fuesen alargando y el proyecto no pudiese plasmarse. Después, el mandato popular pretendía ejecutar un nuevo anteproyecto que no llegó a plasmarse y el actual ejecutivo apostó por prescindir del estacionamiento y apostar por la fórmula del concurso de anteproyectos, hasta llegar al que ahora está sobre la mesa, el del arquitecto Carlos Pita Abad.

La plaza de Armas pudo llevar la firma de un premio nacional de Arquitectura