La Virgen del Carmen de San Xurxo recupera el esplendor tras su restauración

Iglesia San Jorge imagen restaurada
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Buena parte del patrimonio artístico y cultural del país se encuentra a expensas de la falta de presupuestos, la desidia y el abandono. Circunstancias todas ellas que llevan, como se ha visto en los últimos tiempos, a recurrir a la voluntariedad, más que a los mínimos criterios de conocimientos y recursos artísticos, para recuperar piezas de la imaginería religiosa. Los casos del “Ecce Homo” de Borja o del San Jorge de Estella. son los más conocidos. En el primero, la rehabilitación de la imagen es ya imposible; en el segundo, eliminar la llevada a cabo por otro aficionado ha supuesto una importante inversión para devolver la imagen a su estado primitivo.

Frente a estos casos, hay otros bien diferentes, en los que, a los conocimientos artísticos se añade la documentación y una especial y detallada sensibilidad a la hora de devolver el viejo esplendor. 

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María Dolores Pérez Vázquez, hija de marino y casada con otro miembro de la Armada, todavía trabaja en la restauración de la imagen de la Virgen del Carmen de la iglesia de San Xurxo. O más bien, la ultima, porque el trabajo sobre esta talla que seguramente se remonta a los primeros años del siglo XX, obra de un taller de Santiago de Compostela, ya ha concluido y, ahora, se centra en el trono procesional. Ha sido una labor a la que ha dedicado dos horas al día durante más de un mes, pero la imagen, gravemente deteriorada por la carcoma, el paso del tiempo y alguna que otra “restauración”, luce ya en una de las peanas laterales del templo.

“La protagonista es la Virgen, no yo”, enfatiza esta ferrolana que lleva años pintando y que pasa todos los veranos en una casa muy próxima.

Su compromiso empezó por un simple comentario del párroco. La restauración de imágenes no es precisamente uno de los apartados a los que la Iglesia dedica más fondos. No al menos en lo que a obras pequeñas de la imaginería se refiere. “Es la Virgen del Carmen”, comenta María Dolores, señalando así la vinculación que la une a nivel personal con una devoción propia de la Armada.
Su modestia es sincera. Por momentos, se niega a posar ante la cámara con el trabajo ya finalizado. “También algo le pedí”, deja caer en un momento dado.

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La imagen se encontraba tan deteriorada y afectada por la carcoma que fue necesario inyectar cada uno de los agujeros y poros de esta obra, realizada en madera y yeso, y afectada de tal modo que incluso fue necesario sustituir partes de la peana y del manto.

Con un sereno semblante, la Virgen soporta en su brazo izquierdo a un niño Jesús cuyo rostro, como el de la madre, ha recobrado colores originales dotados de profundidad y sombras tan propios de las imágenes clásicas, muy lejos de lo que aportan otras imágenes de la misma iglesia.

Colores planos que quitan toda expresividad, trabajos de manualidades realizados con la mejor voluntad pero sin los mínimos conocimientos artísticos, son los que también se ven en otras figuras de santos de la capilla.

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Teresa Romero, hija de María Dolores (instragam.com/teres_aire), también ha aportado su saber artístico. Como su madre, pintora autodidacta dotada también de una gran sensibilidad y maestría en el dibujo y el color, ella ha sido la que ha trazado, siguiendo el original, las líneas decorativas del manto.

El semblante de María Dolores muda por un leve instante hacia la preocupación en el momento en que Nuño, su yerno, y Pedro, uno de sus hijos, alzan la imagen –hay un halo de inquietud al ver cómo se mueve levemente la corona, por otro lado bien sujeta a la coronilla– para trasladarla a su emplazamiento habitual. Después deja paso a la satisfacción –de nuevo su modesta actitud– al verla ya situada tras subirla Pedro por una escalera de mano.

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El párroco de la iglesia todavía no la había visto el pasado jueves, pero ayer se celebró la misa semanal y los feligreses de San Xurxo tuvieron oportunidad de ver la calidad del trabajo.

Diario de Ferrol-2019-08-25-009-c389664e“El cura me ofreció sufragar los materiales, pero no quise”, recuerda María Dolores, que no descarta continuar su labor con otra Virgen del Carmen, más antigua e incluso más bella, pero también muy deteriorada por sucesivos arreglos, que se alza en uno de los laterales del templo. Es tal vez el peso de una responsabilidad que, por el momento, no quiera asumir dado el trabajo ingente y la dedicación de las últimas semanas, pero del que nadie podría asegurar, ni tan siquiera ella misma, que no estaría dispuesta a asumir el próximo año, cuando el verano la acerque a ella y su amplia familia desde Palma de Mallorca a San Xurxo.

Por lo pronto, la imagen sobresale de entre todas las demás, entre ellas un San Jorge alanceando al dragón que descansa a una altura de poco más de un metro y que pierde prestancia por mirar hacia la pared. La faz de la Virgen es ahora sutil a través de colores solo cubiertos por un barniz mate que le confieren naturalidad. El niño mira absorto, desde la altura, hacia los bancos de los feligreses una vez limpia su piel de las sombras que ocultaban su vivacidad. Las piezas más deterioradas han sido sustituidas; los dorados del manto dejan ver la filigrana del dibujo e incluso un escudo ha “reaparecido” tras verse oculto por el paso del tiempo, barnices brillantes y carentes de naturalidad.

La Virgen del Carmen de San Xurxo recupera el esplendor tras su restauración