Martes 18.06.2019

Nuevos tiempos

Estaba descontada la victoria socialista en las elecciones generales, favorecida por el discurso de los partidos de derechas, ciudadanos y populares, compitiendo con el Vox de la extrema derecha. Especialmente, el del Partido Popular proponiendo retroceder hacia muy atrás en los derechos ganados por las mujeres, entre otros muchas propuestas de involución social. En definitiva, competían en un terreno de juego ajeno a la realidad del país y así se lo mostraron los votos depositados en las urnas.

Quedaba despejar la incertidumbre de la correlación de fuerzas en las Cortes y el resultado no puede ser más esperanzador. Se producen, entonces, tres hechos relevantes que debería allanar el camino para recuperar la ansiada convivencia, rota dese hace unos años a causa del problema catalán.

En primer lugar, la alta participación en las elecciones es toda una señal de la preocupación de los españoles por la situación social y política del país. Casi ocho de cada diez ciudadanos con derecho a voto acudió a las urnas y da una legitimidad mayor a las decisiones que se adopten en el Parlamento.

En segundo lugar, sea cual sea la formación del futuro gobierno, la composición del Congreso de los Diputados impide a la derecha esgrimir que el ejecutivo sea rehén del nacionalismo catalán. Efectivamente, para formar mayorías no serán necesarios y allana bastante el debate territorial.

Por último, la composición del Senado da un vuelco, deja de estar en manos del Partido Popular y pasa a depender absolutamente de la voluntad socialista. Recordemos la amenaza popular para impedir cualquier debate de reforma constitucional, especialmente, en el ámbito territorial.

Esta coyuntura política abre nuevos tiempos. Ahora, parecen darse las condiciones adecuadas para abordar el problema territorial que tan gravemente está afectando a la convivencia, tantas veces expuesta la preocupación desde esta columna. La crisis catalana afecta a la propia Cataluña, claro está, y es innegable que contaminó casi todo el debate político de este último lustro. El modelo autonómico mejoró la cohesión social y territorial de España y, ahora, es tiempo de dar un nuevo impulso al autogobierno para un funcionamiento más integrado, más participación de las comunidades autónomas  en las competencias del Estado, clarificando el reparto competencial, la introducción de la previsión constitucional del sistema de financiación e impulsar al Senado como auténtica cámara territorial. 

Todo esto debería terminar con una reforma constitucional para garantizar otros 40 años de convivencia democrática.

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